La comida familiar

 

¿Cuál es el lugar más importante de la casa familiar?  ¿Dónde se reúne la familia?  ¿Cuánto tiempo se pasa en él?  ¿Dónde se comunican con más facilidad los integrantes de la familia?

 Estas preguntas tienen, para la gente de hoy, muy diversas respuestas.  Algunos piensan que es la sala de la casa el lugar más importante, donde se encuentran todos…sin embargo, al explicar, dicen: “es que ahí está la tv…”, allí nos encontramos, allí comemos…

 Otros, se quejan de que en realidad no se comunican, no hay un espacio, no hay un momento.  La comida la hace cada quien a diferente hora por sus ocupaciones…

 Otros más tienen la tv en su recámara y, cuando llegan a casa se encierran, e incluso llevan su comida allí.

 El lugar más importante, alrededor del cual se diseñaba lo demás, en una casa-habitación, era el comedor.  El espacio amplio, la mesa grande, suficientes sillas para la familia.  Esto se ha perdido en mucho.  Y, junto con esto, el encuentro y la comunicación entre las personas que viven en el mismo hogar.

 Lo práctico, lo cómodo, lo utilitario… hace que cada uno coma como pueda y donde pueda.  Y si le añadimos el atractivo-adicción a la televisión, resulta en no mostrar y, lo más grave, no tener ningún interés en lo que vive, piensa, siente o le preocupa a mi hermano.  Vivimos juntos pero yuxtapuestos, como extraños.

 Al disminuir los encuentros personales, la plática, el interés en lo que cada uno hace, piensa o siente, se vive una aparente tranquilidad, una paz que no es fruto de una buena relación sino de una no-relación humana.

 El problema es que el crecimiento, el desarrollo, el enriquecimiento de nuestra manera de sentir, la seguridad que nos da el sentirnos aceptados, amados, protegidos, pertenecientes… se va difuminando.  Nuestra manera de pensar se ¿enriquece?  Solamente con lo que oímos de la televisión en telenovelas, noticiarios o programas “para formar opinión” que inducen y manipulan a quienes se abandonan totalmente a su influencia.

 Naturalmente, esto nos lleva a una falta de ambiente acogedor, de cariño y amor, en la familia; el ambiente se torna frío, devaluando a los demás, tomándolos en cuenta sólo cuando sirven a los fines personales: “tráeme agua, dame tal cosa de comer, haz esto…” o cuando estorban a nuestra concentración en lo que nos interesa: “cállate, no te metas conmigo, deja de hacer ruido…etc.”.

 La comida familiar es cada vez más rara…  Esa comida que es factor de comunidad, esa comida en la que la comunicación enriquece y acerca, esa comida en la que se crean y fortalecen los lazos de afecto y cariño, esa comida en la que se discute y pelea, sí, pero también se acepta, valora, respeta y perdona al otro.

 Esa comida en la que se crece personalmente, se aprenden maneras de pensar, de sentir y de actuar.  Esa comida en la que se aprende a amar.  Esa comida que crea ambiente, familia, comunidad.

 Las ocupaciones del trabajo y del estudio, los compromisos sociales, condicionan la posibilidad de reunirnos a comer regularmente.  La televisión se ha convertido en el intruso del que dependen conciencias, educación, opinión, directrices para la acción.  En estas condiciones, si queremos salvar la familia, darle oportunidad a ser lo que debe ser, una comunidad de vida y amor, una escuela de amor, hemos de “programar” los encuentros, hemos de determinar momentos, por obligación o compromiso personal, en los que los miembros de la familia estemos dispuestos a participar.  Cuando menos una vez por semana…

 ¡Es importante!

 Ya hace mucho tiempo que en la Iglesia Católica se ha tenido que recurrir a la “obligación” para lograr el mínimo de encuentro con Dios y con los hermanos en la Misa Dominical.  Se habla de libertad, de “tener ganas”, de “cuando me nace”; pero habría que hablar de lo importante y necesario de estas “experiencias comunitarias” y estar dispuesto a vivir con congruencia la fe. Si quiero vivir como hijo de Dios y hermano de los demás en la comunidad eclesial, debo participar, cuando menos una vez a la semana, por una hora, en esta experiencia comunitaria. Si no lo hago, si no soy capaz de renunciar a mi comodidad, a mis ganas, por Dios y la comunidad, no manifiesto mucha fe… ¿no crees?

 Pbro. Fernando J. Sacramento Ávila

Vicario Episcopal de Pastoral

 

 

 

 

 

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Experiencias Comunitarias

A veces, yendo solos en el autobús o en la combi, sucede algo con los demás pasajeros o con el chofer.  Una broma, un comentario, una discusión, un frenón, una persona que sube a cantar o, simplemente a pedir limosna; en fin, algo llama nuestra atención y observamos, escuchamos y, en ocasiones, intervenimos.  Esto mismo sucede cuando vamos a un espectáculo deportivo o musical, o a veces hasta caminando por la calle.

 Esto que sucede nos saca de nuestro aislamiento, de nuestros pensamientos, y concentra nuestra atención.  El hecho puede ser positivo, alegre, agradable; o puede ser desagradable, molesto, incluso despertar nuestra ira.  Al participar, con nuestra escucha y observación en un primer momento, pero más al intervenir, con nuestra palabra, o incluso con nuestra acción, entramos en relación con las otras personas.  Dejamos de permanecer en nuestra soledad y asilamiento y empezamos a vivir una experiencia comunitaria.

 Desde luego, estas experiencias son pasajeras; duran lo que dura el viaje o el partido, o el show… pero, ¿no son así las experiencias comunitarias en la vida familiar?  Allí vivimos constantemente en relación y las experiencias se suceden, con distinta intensidad, algunas serias y profundas, otras triviales y breves, pero se realizan entre las mismas personas y se acumulan, entrelazan, unas son causa o consecuencia de otras, se convierten en procesos que van haciendo un “ambiente”, positivo o negativo, en el que se desarrolla la vida familiar.

 Si lo pensamos, podríamos descubrir que la calidad de estas experiencias comunitarias es la que va configurando el estilo de la vida familiar.  Y son la comunicación y la participación de cada uno las que le hacen sentir mayor o menor relación e intimidad con los demás, sentirse en familia, dar importancia a “su familia” en los momentos en los que no está con ella.  Podríamos decir que, esas experiencias comunitarias, repetidas con frecuencia, con suficiente intensidad, van configurando la comunidad familiar.

 Cuando hablamos de la comunidad cristiana, de manera parecida, pensamos que son las experiencias comunitarias las que van haciéndola, configurándola como auténtica comunidad.  Y, como en la vida familiar, hay experiencias que se dan espontáneamente, pero hay otras que se organizan, se provocan. ¿O no es verdad que cuando organizamos una fiesta, un cumpleaños o un aniversario, en la familia, pensamos en la música, la comida, y en muchos detalles, para que estemos contentos; y cuando termina la fiesta, las exclamaciones y los sentimientos: ¡qué bonita fiesta!  Sale uno con la alegría de haberse encontrado con la familia y los amigos…

 La Pastoral de la Iglesia de Yucatán pretende hacer de todos los bautizados una comunidad, la familia de Dios, el Pueblo de Dios. Y esto se hace con experiencias comunitarias.  La principal tendría que ser nuestra Misa Dominical, en la que nos encontramos todos los hijos-hermanos con nuestro Padre Dios.  Nuestras misas son expresión de cómo está nuestra comunidad.  Cuando vemos a la gente cercana al altar, cantando, orando, atentos a la Palabra, participando en la comunión, pensamos, ¡qué bonita comunidad!  Se nota que no se sienten extraños unos de otros, que participan como hermanos.  Claro que también vemos, en ocasiones, misas frías, muy formales, donde cada uno se sienta lo más lejos que puede de los demás y del altar.  Donde se asiste por “cumplir”, como obligación.  Pero cuando se entiende el significado y se participa, al salir se siente que se ha tenido una “experiencia de Dios” y nos sentimos parte de su familia, capaces de amarnos como hermanos.

 Por eso la acción pastoral busca crear otras oportunidades de vivir estas “experiencias comunitarias”: reuniones de grupo, oración en familia, en grupo, con amigos, con vecinos, estudio de la Biblia, reflexiones comunes, convivencias, retiros, etc.

 En nuestro Plan de Pastoral buscamos esas ocasiones que naturalmente convocan a la gente como el día de la amistad, de la madre, los difuntos o Navidad, la rosca de reyes, etc. e invitamos a la comunidad a reunirse en la parroquia o en el Centro Pastoral con ese motivo, pero buscando tener una experiencia comunitaria que fortalezca la comunidad, que haga crecer la confianza, la aceptación, el amor entre todos.

 La Vigilia de Pentecostés ha sido una de esas ocasiones; ojalá que, reunidos como hermanos, en oración con la Santísima Virgen, hayamos experimentado la presencia del Espíritu Santo.  En los próximos días tendremos también otras oportunidades de “hacer comunidad”: Corpus Christi, el día del padre, el Sagrado Corazón… y, también espontáneamente, podemos organizar algo con motivo del fin de cursos, baby shower, despedidas, etc., que ojalá resultaran más para crecer en el amor familiar y comunitario.

 Pbro. Fernando J. Sacramento Ávila

Vicario de Pastoral

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Inmaculado Corazón de María

 

La fiesta del Inmaculado Corazón de María se celebra el sábado después de Corpus Christi.  La Fiesta del Sagrado Corazón es el día anterior (viernes).  La Iglesia celebra las dos fiestas en días consecutivos para manifestar que estos dos corazones son inseparables.  María siempre  nos lleva a Jesús.


Ya San Juan Eudes, en el siglo XVII, había difundido esta devoción.  En 1942, en plena II Guerra Mundial, el Papa Pío XII consagró el mundo al Corazón Inmaculado de María.

La fiesta del Corazón Inmaculado de María fue oficialmente establecida en toda la Iglesia por el papa Pío XII, el 4 de mayo de 1944, para obtener por medio de la intercesión de María “la paz entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes”.

El Papa Juan Pablo II declaró que la conmemoración del Inmaculado Corazón de María, será de naturaleza “obligatoria” y no “opcional”, es decir, por primera vez en la Iglesia, la liturgia para esta celebración debe de realizarse en todo el mundo Católico. 

Del texto de la consagración de Pío XII: “Ante tu trono nos postramos suplicantes, seguros de alcanzar misericordia, de recibir gracias y el auxilio oportuno… Obtén paz y libertad completa a la Iglesia santa de Dios; detén el diluvio del neopaganismo; fomenta en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana y del celo apostólico, para que los que sirven a Dios aumenten en mérito y número”.

Después de su entrada a los cielos, el Corazón de María sigue ejerciendo a favor nuestro su amorosa intercesión.  El amor de su corazón se dirige primero a Dios y a su Hijo Jesús, pero se extiende también con solicitud maternal sobre todo el género humano que Jesús le confió al morir; y así la veneramos por la santidad de su Inmaculado Corazón y le solicitamos su ayuda maternal en nuestro camino a su Hijo.

El Inmaculado Corazón de María, nuestra madre, es el camino más rápido y seguro para llegar a Jesús.  Venerar el Inmaculado Corazón de María es venerar a la mujer que está llena del Espíritu Santo, llena de gracia, y siempre pura para Dios.  Su corazón femenino siempre está lleno de amor por sus hijos.  Por eso se representa rodeado de blancas rosas.  Veneramos el corazón que guarda todas las cosas de Dios en su Corazón y que nos ayuda a sanar y consagrar a Dios nuestro propio corazón.

 

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CON LA FUERZA DEL ESPÍRITU

RENOVAR LA ACCIÓN DE LA IGLESIA

Juanito cumplía sus nueve años y su mamá le dijo: no podemos hacer una fiesta e invitar a todos tus amigos.  Así que vamos a ir de paseo este domingo a la playa.  Invita a tu mejor amigo para que venga con nosotros.  Juanito invitó a Miguelito y pasaron un día muy contentos.  Los papás de Juanito jugaron con ellos, les compraron golosinas y se divirtieron mucho, de tal manera que cuando terminó el paseo Miguelito le comentó a Juanito: ¡cómo me gustaría tener unos papás como los tuyos!  No se pelean, no te están regañando por cualquier cosa, juegan contigo, te compran helado, ¡me gustó mucho el día!

 

Los días siguientes, Miguelito pensaba mucho en este paseo.  En su casa había tenido problemas porque sacó malas calificaciones y su papá le dio un buen regaño sin querer escuchar sus explicaciones; había roto un vaso con su pelota y su mamá lo castigó con no ver tele ese día; su papá llegó borracho y empezó a gritar a todos, especialmente a su mamá y terminaron con un gran pleito.  Para colmo, sus hermanitos ¡cómo lo fastidiaban!  No había podido ver su programa favorito porque Jorgito de 6 años quería ver sus caricaturas y, como su mamá lo prefería… Miguelito pensaba: me quiero ir de aquí, ya no soporto.  Si Juanito me invitara a vivir en su casa ¡cómo nos divertiríamos!  ¡Todo estaría bien!  ¡Sus papás son tan buenos!  ¡Allí sería feliz!

 

Al terminar la evaluación de la acción pastoral de la Iglesia de Yucatán durante el año 2009-2010, los presbíteros reunidos en asamblea, escuchamos del Sr. Arzobispo, Don Emilio Carlos Berlie, un ejemplo semejante.  Ante el análisis de nuestra vida y trabajo de este año descubrimos carencias, deficiencias, errores… junto con situaciones positivas de crecimiento, de mejoría.  Esto manifestó que, entre algunos había un clima de cansancio, desánimo, desaliento que parecía decir: “con este Plan Diocesano no hay nada que hacer”, “no podemos trabajar unidos”…

 

El Arzobispo nos dijo: “aunque, en ocasiones, hemos tenido diferencias fuertes con nuestros padres y hermanos y tal vez en nuestra niñez o adolescencia llegamos a pensar que sería mejor vivir en la casa de nuestros amigos, haber tenido un papá o una mamá, o unos hermanos como los de nuestros amigos, sin embargo, llegada la madurez no se nos ha ocurrido llegar a decir: renuncio a mi familia, no hay nada que hacer.  El amor nos ha hecho permanecer, esperar, tolerar, buscar otras maneras de enfrentar las situaciones una y otra vez.  Por el amor permanecemos en la familia, a pesar de los problemas”.

 

La ilusión de que “estaríamos mejor si… las circunstancias fueran otras, si viviéramos en otros tiempos, si las personas con las que convivimos y trabajamos fueran otras…” es propia de una visión infantil que no ha llegado a la madurez.  Es ésta la que nos lleva a la visión realista, a descubrir el valor de lo que se tiene y de lo que se es y a enfrentar la vida y la acción con estos recursos.

 

Los católicos de la Iglesia de Yucatán, el Arzobispo y el Obispo Auxiliar, los presbíteros y diáconos, los religiosos y religiosas, laicos y laicas, todos, estamos hoy aquí formando la Iglesia de Cristo, con nuestras virtudes y pecados, cualidades y defectos.  Hoy y aquí nos ha llamado Jesucristo a seguirlo, a ser sus discípulos, a aprender de Él.  Nos ha concedido su Espíritu que nos injerta en Él y nos hace hijos del Padre, familia suya, hermanos todos.

 

La vida cristiana es un camino hacia la plenitud.  El Pueblo de Dios es peregrino, todavía no llega a la plenitud.  Sin embargo, aunque el camino se ve largo, lento, penoso, como camino de pasión y cruz, el final es seguro: la resurrección, la plenitud.  “Me voy a prepararles un lugar, para que donde Yo esté, estén también ustedes” (Jn 14, 2).

 

El mismo Espíritu que llevó a Jesucristo hasta la cruz y la resurrección es el que nos ha regalado en Pentecostés.  Ese Espíritu Santo, Dios personal, vive en nosotros y nos comunica la vida divina, nos anima e impulsa desde el interior a seguir a Jesús, a identificarnos con Él, a vivir el amor en obediencia al Padre hasta el extremo de morir por los demás.  “Les he dicho esto para que gracias a mí tengan paz. En el mundo pasarán aflicción; pero tengan valor: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

 

Esa Iglesia real y concreta que formamos los bautizados hoy, en este año 2010, y aquí en Yucatán, ha reflexionado en la oración y ha descubierto un camino, su Plan Diocesano, que quiere llamar a todos a sentirse parte activa en la comunidad; quiere recordar que, por encima de las diferencias y conflictos, está el Amor que se nos ha regalado en Cristo; que somos familia, hermanos, y hemos de volver a intentarlo, una y otra vez, buscando siempre nuevas formas, para superar los problemas y continuar el camino, construir una comunidad de paz, justicia, amor y verdad, el Reino de Dios entre nosotros.

 

Es necesario superar la ilusión infantil irresponsable y, con la madurez y la fuerza que da el Espíritu Santo, permanecer fieles al Padre, a la familia, en el amor.  Esto implica conocernos, encontrarnos, valorarnos y respetarnos, dialogar sobre lo mejor posible para nuestra comunidad, buscar juntos los caminos, tolerarnos, soportarnos, no rechazarnos, discriminarnos o excluirnos; participar activamente en la transformación de nuestra vida comunitaria en el hoy y aquí, con estas personas, en estas circunstancias.

 

No podemos excusarnos de la responsabilidad señalando las deficiencias de los demás, pensando que nuestra fidelidad y compromiso dependen de que los otros sean mejores o de que las circunstancias sean otras.  Hoy y aquí el Señor nos pide ser fieles, no mañana, no con otros, no en otras circunstancias.

 

Hemos de entusiasmarnos por el trabajo pastoral.  No porque sea perfecto nuestro Plan Diocesano.  No porque sea fácil.  No porque contemos con todos los recursos humanos y materiales necesarios.  El motivo de nuestro entusiasmo es porque el Señor ha querido asociarnos a su acción salvadora, nos ha invitado a colaborar con Él y, en las débiles y frágiles condiciones humanas en las que estamos, podemos ofrecer lo que somos y tenemos.  Él hará lo demás.

 

Sabiendo que la obra es de Dios, no demos, pues, cabida al desaliento, al desánimo, a la renuncia.  Renovemos nuestro entusiasmo fincados en nuestro amor a Dios. Cuando escuchamos las palabras que el Señor dice sobre el pan y el vino, oímos también: “hagan esto en memoria mía” (Lc 22, 19).  Sabemos lo que significa el que Cristo entregue su Cuerpo y su Sangre: el amor extremo que lo lleva a obedecer la voluntad del Padre hasta dar la vida por nosotros.  ¡Hagamos esto en memoria suya!  ¡Aceptemos totalmente la voluntad del Padre en las condiciones y circunstancias de nuestra realidad diocesana!  “¡Vamos a morir con Él!” (Jn 11, 16).

 

Pbro. Fernando J. Sacramento Ávila

Vicario Episcopal de Pastoral

 

 

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Mensaje de los Sacerdotes con motivo de las elecciones en Yucatán

 

“La democracia no se sustenta sin la verdad.  Verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente” (Juan  Pablo II).

 

Los Sacerdotes Católicos del Decanato “Virgen de la Estrella” saludamos con esperanza a los hombres y mujeres de buena voluntad que viven en el Sur del Estado.

 

En este tiempo privilegiado que nos toca vivir y en el cual tenemos qué elegir a los diputados que integrarán el Congreso del Estado y a quiénes gobernarán nuestros municipios en los próximos años; como ciudadanos tenemos que ser consientes y responsables al decidir por quién votaremos.  Por esto ponemos a su consideración los siguientes puntos.

 

UN CIUDADANO RESPONSABLE VOTA ASÍ:

 

  1. I.                    ENSEÑANZA DE LA IGLESIA

La Iglesia católica no tiene partido.  Como institución, la Iglesia acoge a todos los bautizados y no apoya a ningún partido político; más aún, acepta que una misma fe puede inspirar opciones políticas diversas.

 

Los fieles católicos pueden afiliarse y votar libremente por el partido político y por el candidato que, sin contradecir sus convicciones morales y religiosas, mejor responda al bien común de los ciudadanos.

 

La jerarquía de la Iglesia, es decir, los diáconos, presbíteros y Obispos, no pueden afiliarse a ningún partido político, ni apoyar públicamente a un candidato en particular.  Es su derecho y deber proponer los principios morales que deben regir el orden social y, en privado, votar por quien quieran.

 

Los fieles católicos están obligados a ser coherentes con su fe en público y en privado; no deben, por tanto, sin traicionarse a sí mismos, adherirse o votar por un partido o por un candidato contrario a sus convicciones religiosas y a sus exigencias morales.

 

  1. II.                   POR TANTO, UN CATÓLICO:

No debe votar por un partido o por un candidato que esté en contra del respeto absoluto que se debe a la vida humana desde la concepción hasta su desenlace natural, como serían los que propician el aborto, la eutanasia o la manipulación de los embriones.

 

No debe votar por un partido o por un candidato que no respete la dignidad de la persona humana, según el plan de Dios, como serían: los que defienden o promueven la prostitución, las uniones homosexuales, los anticonceptivos físicos o químicos, la pornografía especialmente la infantil, la clonación humana, la venta indiscriminada de alcohol, el machismo, la discriminación étnica, religiosa y racial.

 

No debe votar por un partido o por un candidato que no respete el derecho primario de todo hombre o mujer a practicar, en privado o en público, individualmente o en grupo, sus creencias religiosas; o que obstaculice de cualquier manera la enseñanza de la religión, prohíba las manifestaciones públicas de fe o se oponga a la instalación de los lugares para el culto que pida la comunidad.

 

No debe votar por un partido o por un candidato que se oponga o niegue el derecho inalienable de los padres de familia a escoger el tipo de educación que, de acuerdo a sus convicciones, quieran para sus hijos.

 

No deben votar por un partido o por un candidato que no le garantice, con certeza moral, que utilizará honestamente los dineros y bienes públicos; que va a cumplir lo que promete; que buscará el bien común y no el provecho propio y de sus colaboradores.

 

No debe votar por un partido o por un candidato que no se comprometa a promover la dignidad de la familia fundada sobre el matrimonio entre personas de sexo opuesto; a combatir la violencia, la drogadicción, la injusticia institucionalizada, la corrupción pública y que no haga propuestas creíbles a favor de los más necesitados.

 

  1. III.               POR EL CONTRARIO, UN CATÓLICO:

 

Debe votar, preferentemente, por un candidato que respalde con su ejemplo las virtudes humanas y cristianas como son el respeto a los demás, el saber escuchar, el diálogo, el decir la verdad, la honestidad, la vida moderada, la fidelidad conyugal y el amor a su familia.

 

Debe votar, preferentemente, por un candidato que demuestre con hechos su espíritu de servicio a los demás, con especial preferencia hacia los pobres y que en todo y sobre todo defienda la dignidad de la persona humana.

 

Debe votar, preferentemente, por un candidato que tenga cualidades de gobierno y que garantice la vigencia del estado de derecho mediante la aplicación de la ley, sin excepción de personas o de cargos.

 

Por todo esto, les exhortamos a ejercer su voto libre y secreto de una manera responsable para que el domingo 16 de mayo vivamos una jornada electoral ejemplar y de respeto a la voluntad ciudadana expresada en las urnas.

 

Dios nos bendiga a todos.

 

Dado en Tekax, Yucatán en abril de 2010 y firmado por todos los sacerdotes del decanato “Virgen de la Estrella”.

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¿Servir o servirse?

Contrafuerte

Siempre me han llamado la atención aquellas personas que nos sirven en los supermercados, en las tiendas departamentales o plazas comerciales, siempre sonrientes y alegres, dispuestas a servirte en lo que necesites, prontas a darte la información adecuada, no podemos negar que te hacen sentir bien con sus atenciones al hacer tus compras en tal o cual lugar. Sin embargo, esto normalmente concluye con su horario y están más que motivadas por la remuneración.

Pero existen otros servidores, que viven un mayor espíritu de servicio, cuya “paga” es la misma oportunidad de servir, de darse a los demás. Éste, es el servicio propio de los Cristianos, que siguiendo al Maestro “no han venido a ser servidos, sino a servir” (cf. Mc 10, 45). Un verdadero servidor es aquel que mira con realidad las necesidades de las gentes y compadeciéndose de ellas, se anima a servirles sin mayor interés que el bien de aquellas. Como Jesús, el Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas (Jn 10, 11), y no como el “asalariado” que ante todo busca su beneficio.

Los servidores públicos y comunitarios, han de tener este profundo espíritu de servicio, lejos de intereses puramente partidistas, grupales y cerrados. Los servidores públicos o comunitarios han recibido la encomienda de velar por el bien de toda la comunidad, y no solo de unos cuantos. Sus intereses no deben fijarse en el poder como dominio, sino en el poder como servicio. No entiendo del todo aquellos servidores públicos que sin terminar una encomienda pública, ya van por otra, pues pareciese que se procuran más una “carrera” sea política o económica, que de verdadero servicio.

Edición 145

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Tiempo de evaluación en la Arquidiócesis de Yucatán

La Iglesia católica de Yucatán: Tiempo de evaluación de su trabajo pastoral

Pbro. Fernando J. Sacramento Ávila

Vicario Episcopal de Pastoral

Se aproxima el fin del año escolar y, con él, las vacaciones que dan oportunidad a muchos de cambiar de actividad: al salir los estudiantes de la escuela, no sólo ellos tienen oportunidad de viajar, pasear, tomar cursos especiales, estar más en casa, etc. sino que también condicionan a otras personas: padres, abuelos, tíos… El traslado a los lugares vacacionales ofrece oportunidad de trabajo a mucha gente de las costas y las zonas arqueológicas… al mismo tiempo que disminuye el trabajo normal de quienes prestan su servicio a los que viven en la ciudad o estudian en los centros escolares.  Ellos también encuentran este tiempo propicio para descansar y vacacionar, al menos un poco.

En fin, en nuestro Estado de Yucatán esta época cambia naturalmente la vida de la Iglesia en las parroquias, en las asociaciones y movimientos, incluso en las comunidades religiosas.

El período de evaluación de las actividades del Plan Diocesano de Pastoral corresponde al mes de mayo, con el fin de conseguir, para los últimos días de junio la programación anual 2010-2011, de la acción pastoral de la Iglesia en Yucatán.

La tarea es evaluar.  ¿Por qué?  El Plan Diocesano es una guía para el camino del Pueblo de Dios hacia la Plenitud prometida por nuestro Padre Dios.  Está diseñado en tres etapas: CONVOCACIÓN, CONVERSIÓN Y COMUNIÓN.  La primera etapa, de CONVOCACIÓN, la estamos recorriendo con tres actividades fundamentalmente:

  1. La sectorización de las parroquias, formando los Centros Pastorales con sus Equipos de Coordinación y realizando en ellos una actividad mensual para convocar a todos los que viven en el Centro Pastoral de tal manera que se fomente el encuentro, el conocimiento, la convivencia, la amistad y la caridad entre los vecinos; se trata de reconocernos hijos de Dios y hermanos en la Iglesia.
  2. La Red de comunicación, a través de una cartita parroquial, elaborada por el Equipo Parroquial de Redacción y repartida, mes a mes, de casa en casa, por mensajeros y mensajeras voluntarios (as).
  3. La invitación a formar, en los Centros Pastorales, Pequeñas Comunidades Parroquiales (PCP’S), con familias que acepten reunirse una vez al mes para confrontar su vida con el Evangelio de Jesús y así empezar un camino de conversión comunitaria.

Después de 13 años nos encontramos en este momento de convocación de las PCP’s.  El Objetivo del año 2009-2010, es el paso que consideramos como posible para dar en este camino.  Conseguir 3,000 PCP´s, unas 20 por parroquia o rectoría.

Para lograrlo diseñamos e implementamos 7 campañas de actividades durante el curso 2009-2010.  Evaluar este año nos permitirá descubrir los aciertos y desaciertos en nuestra respuesta a Dios manifestada en el Itinerario de actividades que se programó para este año y nos ayudará a descubrir el siguiente paso para el período 2010-2011, a fin de lograr el surgimiento de las PCP’s necesarias para dar, a la brevedad posible, el paso a la siguiente Etapa, la de Conversión.

¿Quiénes evalúan? Todos, representativamente.

  1. Las Parroquias: Cada Equipo Parroquial de Animación Pastoral (EPAP) evalúa con su párroco y los Centros Pastorales de su Parroquia.
  2. Los EPAP’s de todo Yucatán, reunidos en Asamblea el 2 de mayo.
  3. Los Presbíteros y Diáconos de todo Yucatán, reunidos en Asamblea del 4 al 6 de mayo.
  4. Las Religiosas, reunidas en su Retiro-Asamblea del 9 de mayo.
  5. Las Asociaciones y Movimientos Apostólicos, convocados por el Equipo Diocesano de Animación Pastoral para el Apostolado Asociado de los Laicos (EDAPAAL).
  6. Los Jóvenes, convocados por la Comisión Diocesana de Pastoral Juvenil, en su Asamblea del 1 y 2 de mayo.
  7. Las Comisiones Diocesanas de Pastoral, el martes 11 de mayo.

¿QUÉ EVALUAMOS? 1. Los objetivos; 2. Los cambios logrados; 3. Los procedimientos utilizados; 4. La organización y 5. El sentir y la opinión de la comunidad ante el camino recorrido.

¿PARA QUÉ EVALUAMOS? Para ajustar el Plan a la situación actual.  Con lo conseguido y lo no conseguido, tenemos una situación diferente a la de aquella con la que empezamos.  Ante esta nueva situación nos preguntaremos ¿qué paso es posible dar durante el AÑO PASTORAL 2010-2011?

¿CÓMO PUEDES PARTICIPAR? Orando, especialmente durante los meses de mayo y junio por el éxito de este proceso de evaluación y de programación. Conoce, analiza…

Te invito, pues, a participar en este proceso tan importante.  Conoce, analiza, da tu opinión, aporta sugerencias para el año próximo, en las reuniones a las que eres convocado.  De ti depende también el camino y la misión de la Iglesia.

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Avances en la Iglesia Diocesana

 

Una de las primeras preguntas formuladas para la consulta sinodal de 1989 era sobre la idea que tenía la gente de Yucatán sobre el significado de la palabra “Diócesis”.  La variedad de respuestas recibidas hizo notar la ausencia en la mayoría de los bautizados consultados, de una conciencia de Iglesia diocesana, particular o local.

Mientras, el significado de la palabra “Parroquia” llevaba a afirmar la pertenencia a una comunidad, sobre todo en el ámbito rural, pues en el área urbana también se encontró una mayoritaria deficiencia del sentido comunitario de la palabra, refiriéndola casi exclusivamente al templo, como lugar de culto.

Después de 21 años, creo que esta realidad ha cambiado mucho.  La palabra Diócesis y sus variantes (diocesano, Arquidiócesis y arquidiocesano) tienen hoy otro sentido para mucha gente.  ¿Cuánta gente y qué sentido tiene actualmente?, sería resultado de otra consulta poder afirmarlo con aproximación.

La proclamación insistente del texto del No. 1 de la Lumen Gentium: “…la Iglesia es en Cristo como un sacramento, signo e instrumento de la comunión de los hombres con Dios y de los hombres entre sí…” ha modificado, en muchos, la idea de Iglesia como un templo donde cada uno se encuentra en privado con Dios en la oración y en los sacramentos o, a lo más, en celebraciones festivas de quienes compartimos la misma fe.  Podemos afirmar hoy que muchos bautizados han descubierto el valor de la relación humana, del encuentro y el diálogo con el otro, en relación con su fe.  La inmensa mayoría de las actividades realizadas por la Iglesia de Yucatán en estos años han convocado, animado y profundizado, el sentido comunitario de la vivencia de la fe.

Si, como dice Christus Dominus, No. 11. “La diócesis es una porción del Pueblo de Dios que se confía a un Obispo para que la apaciente con la cooperación del presbiterio, de forma que unida a su pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por el Evangelio y la Eucaristía, constituye una Iglesia particular en la que verdaderamente está y obra la Iglesia de Cristo, que es Una, Santa, Católica y Apostólica.”, entonces, la “diocesaneidad”, sería la característica que tendrían personas, acciones y objetos que pertenecen al conjunto que forma la Diócesis.  Esta “diocesaneidad” implicaría, en los miembros de la porción del Pueblo de Dios, una cualidad de su conciencia que los hace saberse y sentirse “partes de un todo”, “integrantes de un conjunto”, “miembros de un cuerpo”.

Dada la descripción de Diócesis mencionada en el párrafo anterior, y en el Documento de Aparecida (No. 165), tener conciencia diocesana se podría traducir, para todas las personas que pertenecen a la porción del Pueblo de Dios confiada al Obispo, por:

  • Saberse, descubrirse y sentirse, “apacentados” por el Obispo, y por el presbiterio que coopera con él, a través de un presbítero que, por su misión canónica, realiza esta tarea en los diversos ámbitos de vida y acción eclesial (parroquia, rectoría, comunidad de vida consagrada, escuela católica, movimiento o agrupación apostólica laical, etc.).

 

  • Saberse, descubrirse y sentirse, vinculados con la Iglesia de Cristo, Una, Santa, Católica y Apostólica, por su respuesta concreta a la convocación del Obispo y su presbiterio, a unirse con su Pastor y reunirse, en el Espíritu Santo, por el Evangelio y la Eucaristía.  Es decir, su comunión con Cristo, en la Iglesia Católica, depende de esta inserción-vinculación diocesana.

 

  • Saber que la parroquia, rectoría, comunidad de vida consagrada, movimiento o grupo apostólico, o cualquier otro tipo de institución católica en la diócesis, es “parte” de un “todo”, es “miembro” de un “cuerpo”, es “órgano” de un “organismo” y que su razón de ser, en el aquí y ahora de la vida diocesana no está en sí misma, sino en la totalidad del conjunto diocesano.

 

Pbro. Fernando J. Sacramento Ávila

Vicario Episcopal de Pastoral

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El Acceso a la Persona de Jesús (Declaración de Arzobispado de Yucatán)

Sello Arzobispado YucatanEl ACCESO A LA PERSONA DE JESÚS

Declaración sobre algunas afirmaciones
en torno a la identidad de Jesús

Los escritos bíblicos, especialmente los Evangelios, y la Tradición continua desde los Apóstoles hasta nuestros días, son las fuentes más autorizadas para entrar en contacto con la identidad de Jesucristo. Hay verdades de fe que nos vinculan como discípulos suyos en la Iglesia, las cuales están compendiadas en el Credo y cuyo análisis corresponde a las diferentes ramas de la teología. Decir, por ejemplo, que Jesús es “verdadero Dios y verdadero hombre”, que es “El Salvador” y que “murió por nuestros pecados”, son cuestiones de fe. Pero también hay verdades históricas, a las cuales podemos acceder por medio de ciencias auxiliares, que nos permiten afirmar con certeza que Jesús nació y vivió en el siglo primero de nuestra era, que se desenvolvió de acuerdo a los parámetros culturales del pueblo al que perteneció, que murió ejecutado por el poder romano a las afueras de Jerusalén y que tenemos testimonios de su encuentro, resucitado, con los discípulos.

Las ciencias modernas como la historiografía, la arqueología, la sociología y la psicología, entre otras, son instrumentos que ayudan a un mejor acercamiento a lo que la Sagrada Escritura y la Tradición enseñan sobre el Hijo de Dios, que se hizo hombre en una cultura concreta y en un tiempo determinado de la historia de la humanidad.

Desde hace siglos, muchos han intentado enseñar quién es Jesús prescindiendo los Evangelios. Hay quienes lo tratan como un profeta más entre muchos; otros lo presentan como un líder social o político, incluso como un “súper estrella”. Recientemente se han publicado opiniones que no sólo reducen, sino que distorsionan la identidad del Señor al hacer interpretaciones erróneas de su actitud compasiva y misericordiosa.

Por eso, ante las expresiones de personas famosas que pretenden redescubrir la identidad de Jesús se nos impone el deber de orientar a los cristianos, acudiendo a las fuentes y a los instrumentos que conducen al análisis responsable y serio.

Nosotros afirmamos que la enseñanza ininterrumpida de la Iglesia y el acceso al Jesús histórico por medio de las ciencias auxiliares, nos ponen en contacto con el Hijo de Dios, un hombre que vivió su virilidad cabalmente y que se relacionó con todos con un equilibrio ejemplar en todos los sentidos.

Pedimos por todos los fieles, para que las prácticas propias de la Cuaresma, como dice la oración colecta del primer domingo de este tiempo litúrgico, les ayuden a progresar en el conocimiento de Cristo y a llevar una vida más cristiana.

Mérida, Yucatán, 26 de febrero de 2010.

 

A nombre del Arzobispado de Yucatán:

Pbro. Lic. Pedro José Echeverría López
Canciller Secretario

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Contrafuerte 137

Antonelli“El Papa Pablo VI, comentando el texto bíblico (Ef 5, 34), explicaba que el sacramento del matrimonio es un gran misterio, en cuanto que la unión del hombre y la mujer, vivificada por el Espíritu Santo, significa, contiene e irradia el misterio de la unión de Cristo con la Iglesia (Disc. 4.5.1970). Los cristianos deberían ser conscientes de que el matrimonio es un misterio, es decir, una realidad humana y divina. Ante todo, es un proyecto y una iniciativa de Dios: es Él que crea al hombre y a la mujer; es Él que con la diferencia de los dos sexos escribe el amor altruista en el alma y en el cuerpo; es Él quién posibilita el encuentro entre los esposos, la donación del uno para el otro y los une (cfr. Mt 19, 6). Con la fe y el sacramento, el Señor Jesús comunica a los cónyuges la capacidad de amar en modo similar a como Él mismo ama la Iglesia, con un amor que es una dedicación y no solo deseo, dedicación para siempre…”

“Llamada a ser Iglesia domestica y sujeto de evangelización, la familia debe ser el centro de la atención pastoral, como tal se vive en estos días en sus diócesis; debe ser involucrada como protagonista, más que como destinataria, en numerosas actividades, como la educación de los jóvenes al amor autentico, los itinerarios de preparación al matrimonio para los prometidos, los encuentros de amistad, de oración, formación y convivencia para las familias, las vacaciones comunitarias, la integración de los padres de familia en el caminar catequístico de los hijos, los grupos de espiritualidad matrimonial y familiar, las celebraciones de la Palabra de Dios en familia y en el vecindario, en los cursos diocesanos para los matrimonios animadores y el acercamiento a las parejas en situaciones irregulares.”

Cardenal Ennio Antonelli

Presidente del Pontificio Consejo para la Familia

Mensaje del 28 Agosto 2009 (Extracto)

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