Para no profundizar en definiciones sin sentido, podemos decir que la inteligencia es la capacidad que poseemos para pensar y hacer las cosas, y la sabiduría es esa misma inteligencia pero sumada a la práctica de alguna virtud o virtudes como la paz, la justicia, la verdad, el amor. Esto marca la gran diferencia entre inteligencia y sabiduría; hace que lo que pensamos y hacemos con sabiduría tenga algún sentido y logre edificarnos más como espíritus, como personas y como familia humana. Detengámonos: ¿te han enseñado esto tus padres, tus maestros
Llamarnos humanos nos exige practicar la Sabiduría o por lo menos, intentarla en cada cosa que se nos presente. Nadie nace sabio, pero Dios nos habla directamente en Su Palabra, de aquí la necesidad vital de leer la Biblia con frecuencia, vivirla y comunicarla: ¡Hijo mío, si los pecadores quieren arrastrarte al mal, no los sigas! Tal vez te dirán: “Ven con nosotros, aguardaremos el buen momento -¡y es para matar! Tenderemos una trampa – ¡una trampa al inocente que no la merece! (Proverbios 1, 10).
Hoy gran cantidad de jóvenes están en peligro y no es porque lo elijan conscientemente, muchos ni se percatan que están al borde del abismo. Adolescencia y juventud temprana adolece, es decir, carece de conciencia plena y capacidad crítica y sólo reconoce una lógica fácil:” todo lo puedo, todo se vale”. Los adultos aprendimos -a veces con dolor- que las cosas no funcionan así; no todo se vale porque eso no es la libertad. Libertad conlleva auto-respeto, responsabilidad, fe y verdad.
No es libertad vestirse estrafalaria o descaradamente; o perforarse el rostro, ofender a los padres o ignorarlos; no es libertad apagar la televisión, la computadora o el celular a altas horas de la madrugada con las tentaciones que conlleva. No vivir tu sana libertad te puede llevar a la pérdida de tu propia identidad (varón/mujer); pérdida de la fe, alcoholismo, relaciones íntimas pre-matrimoniales, embarazos no deseados, abortos, deserción escolar, drogadicción, unión libre, enfermedades adquiridas por contagio, suicidio… ¿sabes que Yucatán ha sido el estado con mayor índice de suicidios en la población juvenil y adulta, por dos años consecutivos? (Estadísticas INEGI, 2009, 2010).
Adolescente y joven: perdónanos si antes de juzgarte y condenar tu conducta te hemos dejado elegir por ti mismo todo sobre tu vida sin darte una guía y una protección amorosa. Perdona a tus padres, familiares y maestros por la falta de cuidado y el consejo oportuno porque al ignorarte te hemos llevado a buscar compañía de personas más confundidas que sin saber qué hacer con su libertad, su cuerpo y su inteligencia van como zombies, verdaderos muertos en vida.
La nueva tribu urbana denominada Zombie que está en Yucatán no es ninguna novedad: son jóvenes que piden amor, ayuda y atención de una forma llamativa, excesiva en su moda y errónea en su concepción de felicidad. La más triste ironía es que los jóvenes que se unen en estas tribus huyen del seno familiar en búsqueda de libertad y vida plena y terminan esclavos de sus instintos, de sus pasiones, de vicios y muchos encuentran la muerte. La muerte física es estadística muy lamentable, pero la muerte espiritual es peor que la primera, ya que pierdes la belleza de la vida y la fuerza que sólo la fe en Dios provee a todo hombre. Si alguna vez te has preguntado por qué Jesucristo sigue atrayendo a hombres y mujeres de toda raza, edad y condición es porque Él está vivo; es Dios de amor, perdón, comprensión y ayuda inmediata. Si te cuestionas por qué miles de hombres y mujeres se consagran todavía hoy a su servicio y renuncian al mundo, es porque Jesús alimenta primero lo más importante: tu alma. Así llegas a comprender que estás en este mundo como un regalo de amor de ese Dios bueno y cuidadoso que no te abandona y que siempre te espera.
No temas acercarte y reencuéntrate con tu familia y sobre todo, no tengas miedo de acudir a la Iglesia, donde estamos personas como tú, sedientas de amor y verdad. Dios Padre nos ama tanto que nos dio a su Hijo; el Hijo nos ama tanto que nos dejó a su Iglesia y el Espíritu Santo que la gobierna, a pesar de que la formamos pecadores. Lo más bello de la vida cristiana es que podemos elegir vivirla libremente y ser felices haciendo la sabia voluntad de Dios, no la nuestra que se equivoca.
Por Angélica Garay H.
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