PRIMERA LECTURA
Del libro de los Hechos de los Apóstoles 14, 21-27
En aquellos días, volvieron Pablo y Bernabé a Listra, Iconio y Antioquía, y ahí animaban a los discípulos y los exhortaban a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar por mucha tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. En cada comunidad designaban presbíteros, y con oraciones y ayunos los encomendaban al Señor, en quien habían creído.
Atravesaron luego Pisidia y llegaron a Panfilia; predicaron en Perge y llegaron a Atalía. De ahí se embarcaron para Antioquía, de donde habían salido, con la gracia de Dios, para la misión que acababan de cumplir.
Al llegar, reunieron a la comunidad y les contaron lo que había hecho Dios por medio de ellos y cómo les había abierto a los paganos las puertas de la fe.
*** *** ***
Pablo y Bernabé regresan a Antioquía para dar cuentas del cumplimiento de la misión que habían recibido a la comunidad cristiana. Lo hacen volviendo sobre sus pasos, sin evitar rodeos y dificultades. De esta suerte, pueden comprobar la marcha de las comunidades que fueron fundando a su ida y consolarlas ahora con su venida, visitándolas después de la persecución que padecieron todas ellas por parte de los judaizantes. Por otra parte, aprovechan la ocasión para consolidar la vida cristiana en estas jóvenes comunidades y organizarlas. El retorno de los apóstoles tiene, pues, un carácter de consumación de la obra evangelizadora.
Las persecuciones que padecieron los nuevos cristianos y las tribulaciones de la evangelización apostólica, tienen un profundo significado: son la puerta de acceso al Reino de Dios, una puerta estrecha, como dijo Jesús. Pablo y Bernabé designan “presbíteros” que cuiden en delante de las diferentes iglesias. Aunque no se dice nada al respecto sobre una “imposición de manos” (rito este que significa la comunicación del Espíritu y que se halla atestiguado en otros lugares del Nuevo Testamento, por ejemplo, en Hech.6,6; 13,3 se hace alusión a una fiesta litúrgica cuando se menciona el ayuno y la oración para encomendar los nuevos presbíteros al Señor (cfr. 1Tim.4,14 y 5,22).
La palabra “presbítero” nos dice muy poco acerca de la función de estos jefes o encargados de la comunidad cristiana primitiva. Muchos comentaristas están de acuerdo en acusar la dificultad y hasta la imposibilidad de distinguir en el Nuevo Testamento entre “presbítero” y “obispo”. Las imprecisiones terminológicas se deben al estado de una incipiente institucionalización. “Presbítero” se traduce literalmente por “anciano”, y es el título que se daba a los que presidían la comunidad, sin que esto implicara de suyo tener una edad avanzada. Es altamente significativo que en el Nuevo Testamento no se hable nunca de “sacerdotes” en la Iglesia, y cuando se quiere dar un nombre a los nuevos ministerios de la comunidad cristiana se acuda a términos usuales en la vida profana o por lo menos que no tienen un significado cultual. Esto obedece a la conciencia de la Iglesia, que no se entiende a sí misma como nueva “religión”. Siempre que en el Nuevo Testamento se habla de “sacerdocio”, esta palabra se refiere al único sacerdocio de Cristo o al sacerdocio común de todos los fieles, nunca a un sacerdocio especial o clase sacerdotal dentro de la Iglesia.
La función de los presbíteros, pues, debe entenderse más bien desde el servicio a la Palabra que desde su vinculación al altar. Notemos, en fin, que Pablo y Bernabé hacen uso de su autoridad como fundadores para designar a los nuevos Presbíteros; sin embargo, esto no quiere decir que no tuvieran en cuenta el consentimiento de toda la comunidad.
*** *** ***
SEGUNDA LECTURA
Del libro del Apocalipsis del apóstol San Juan 21, 1-5
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía.
También vi que descendía del cielo, desde donde está Dios, la ciudad santa, la nueva Jerusalén, engalanada como una novia, que va a desposarse con su prometido. Oí una gran voz, que venía del cielo, que decía:
“Esta es la morada de Dios con los hombres; vivirá con ellos como su Dios y ellos serán su pueblo. Dios les enjugará todas sus lágrimas y ya no habrá muerte ni duelo, ni penas ni llantos, porque ya todo lo antiguo termino”.
Entonces el que estaba sentado en el trono, dijo: “Ahora yo voy a hacer nuevas todas las cosas”.
*** *** ***
Cuando el seductor y la seducida hayan sido juzgados, cuando el escenario en el que se desarrolló la tragedia del pecado haya desaparecido, cuando ya no exista el viejo mundo en el que reina el pecado, el dolor y la muerte, entonces se cumplirá esta visión de la “nueva tierra” y del “nuevo cielo”. Será como una nueva creación en la que no habrá mar, que es el símbolo del caos y el origen de la Bestia que personifica todos los males.
En la nueva creación, la morada de Dios se unirá a la morada de los hombres y el cielo se reconciliará con la tierra. Del cielo descenderá sobre la tierra la Jerusalén celestial, que es el contratipo de la impía Babilonia y la auténtica realidad simbolizada por la Jerusalén terrena. Y aunque sucumba la Jerusalén de acá abajo, la Jerusalén que desciende del cielo ocupará ventajosamente su lugar y realizará todo cuanto la primera imaginaba y en ella se cumplirán todas las profecías. La gloria de la Jerusalén celestial se compara a la de una novia que se adorna para su esposo. También Pablo nos habla de la Jerusalén celestial y la llama “nuestra madre”, para indicar así que ya ha comenzado la nueva creación en los creyentes. Y es que la meretriz de Babilonia ya ha sido juzgada, y la comunidad eclesial es la esposa del Señor.
El Vidente escucha ahora una voz que desciende de lo alto, del trono de Dios, e interpreta el significado de la visión. Esta quiere decir que Dios empeña su palabra y promete realizar plenamente su alianza con los hombres, que Dios está dispuesto a convivir con ellos como al principio, en el Paraíso. Si en otro tiempo Israel experimentó la presencia del Señor en el desierto, aquello no fue más que una pálida imagen de lo que ahora se anuncia; pues no sólo Israel, sino todos los pueblos serán un solo pueblo de Dios y Dios habitará definitivamente en medio de los hombres. Con su presencia, traerá Dios la victoria final sobre el pecado y la muerte y no habrá ya lágrimas ni dolor.
La descripción de la tierra nueva es tan maravillosa que pudiera parecer un producto de la fantasía de un hombre que se consuela huyendo de la tremenda realidad en que vive. Por eso, por primera y única vez en todo el Apocalipsis, Dios mismo toma la palabra para confirmar la esperanza del Vidente y ordenarle que escriba lo que le dice. La tierra nueva y el cielo nuevo podemos y debemos darlos por un hecho si confiamos en Dios, que es poderoso para cumplir lo que promete y que con su palabra hace nuevas todas las cosas. Dios, que es el Otro, es el único que puede renovarlo todo. El es quien saca todas las cosas del pasado hacia sí mismo, hacia la sorprendente novedad del Futuro. Cuantos esperan en la tierra son hijos del Futuro, habitantes de la nueva tierra y ciudadanos de la Jerusalén celestial. Ellos son el alma y la fuerza de todas las auténticas revoluciones.
*** *** ***
EVANGELIO
Del Santo Evangelio según San Juan 13, 31-33. 34-35
Cuando Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.
Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”.
*** *** ***
Judas sale resueltamente del cenáculo para consumar su traición y entregar al Maestro “a las manos de los pecadores”. Su partida es un alivio para cuantos se quedan, y para Jesús la señal de que ha llegado su “hora” tan deseada. Esta es la hora de su pasión y muerte, pero también la hora de su glorificación. Cuando sea “exaltado” en la cruz y todo se haya cumplido, cuando el amor de Jesús llegue al colmo de su entrega por todos los hombres, incluso y precisamente por sus enemigos, se manifestará quién es el Hijo del Hombre y quien es Dios para los hombres. Se revelará que Jesús es el Señor y que Dios es Amor La hora del supremo abatimiento será la hora de la glorificación, de la plenitud y de la revelación al mundo de la verdad. Pues en esa hora todo sucederá según la voluntad del Padre que vino Jesús a cumplir en la tierra para que todos conozcamos cómo quiere ser Dios para los hombres, Por eso el Padre será glorificado en esa hora, en la muerte del Hijo del Hombre y en su resurrección.
El Padre, glorificado por la obediencia y en la obediencia del Hijo ante los hombres, Glorificará a su Hijo levantándolo entre los muertos y sentándolo a su derecha. Y en todo el mundo se proclamará la gloria del Hijo del Hombre y se anunciará, con la fuerza del Espíritu Santo, que Jesús vive y es el Señor.
Esta hora de gloria es también la hora de la despedida. Jesús comprende la pena de sus discípulos y se despide emocionadamente de ellos. Les habla como un padre y, como un padre que va a morir, les deja su mejor herencia. El testamento de Jesús es su mandamiento nuevo: “Que se amen unos a otros como yo les he amado”. Jesús confirmó el mandamiento del amor al prójimo ya conocido en el Antiguo Testamento, lo amplió para que cupiera en él hasta el amor al enemigo y lo destacó entre todos los otros mandamientos como la perfección de la Ley y su plenitud. En este contexto Jesús entiende el mandamiento del amor como un amor entre los hermanos, entre aquellos que ha llamado sus hijos… El Maestro quiere que sus discípulos se amen porque él les ha amado antes, quiere que se amen a semejanza del amor que les tiene, es decir, hasta el colmo.
El amor que Jesús deja en herencia ha de ser ley de vida y convivencia para sus discípulos. Ha de cultivarse con esmero en la comunidad cristiana y ha de ser la señal por la que el mundo reconozca a los discípulos de Jesús. El bautismo y la confesión con los labios pueden fallar. Queda entonces como señal inequívoca de los verdaderos cristianos el amor fraterno.-Presbítero Doctor Manuel Ceballos García.- Promotor Diocesano de la Pastoral Bíblica.-Mérida, Yuc., abril 2010. notasarquidiocesis@gmail.com. También se puede consultar estos comentarios en www.criterio.org.mx
Popularity: 1% [?]
