Inicia Primer Encuentro Nacional de Periódicos Católicos en México

Escrito por  CEPCOM

Con el objetivo de fortalecer los desafíos y las expectativas de la prensa católica, y formar comunicadores comprometidos con los valores humanos y cristianos en la transformación evangélica de la sociedad, la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Comunicación (CEPCOM) con el apoyo de la Pastoral de la Comunicación de la Arquidiócesis de México llevan a cabo el 1er Encuentro Nacional de Periódicos Católicos en México.

En la inauguración de este encuentro, el Obispo de Valle de Chalco, y presidente de la CEPCOM, Mons. Luis Artemio Flores Calzada, dio el mensaje de bienvenida, y dijo que debido a que la comunicación es la base y el fundamento de las relaciones interpersonales, los medios de comunicación deben ayudar a este proceso de interacción promoviendo la dignidad humana y la comunión entre las personas.

Indicó que además de brindar una correcta información de los acontecimientos con una iluminación desde la fe; la prensa católica le toca recoger las preocupaciones, deseos, y proyectos de las personas que son sus lectores, ayudando a favorecer la comprensión intelectual de la fe.

“De esta manera se esta colaborando en el anuncio del Evangelio, ya que la esencia de la Iglesia es Evangelizar, y la prensa católica debe ayudar a orientar al hombre hacia Cristo, manteniendo la llama de la esperanza para vivir dignamente el hoy, construyendo adecuadamente el futuro”, señaló.

En este encuentro con particular atención a los propietarios, directores, programadores, periodistas y locutores de la prensa católica en México se verán estrategias y estructuras que ayuden a una mejor difusión, al servicio de las propias diócesis participantes, así como el papel y perfil del reportero católico.

Así mismo, el padre Antonio Camacho Muñoz, secretario Ejecutivo de la CEPCOM, aseguró que además de la formación profesional, ayudará a incrementar la calidad de las publicaciones contribuyendo a la evangelización en el contexto de la Misión Continental de cada una de las diócesis con prensa católica.

En el encuentro se cuenta con la presencia de las Arquidiócesis de Acapulco, Guadalajara, León, México, Puebla, Tijuana, Tulancingo, Tuxtla Gutiérrez, Jalapa y Yucatán, de las 18 Arquidiócesis que cuentan con periódicos, semanarios diocesanos, paginas webs, radios, redes sociales y oficinas de comunicación social en México.

En tanto, de las 68 diócesis que cuentan con prensa católica, se encuentran Aguascalientes, Celaya, Ciudad Altamirano, Ciudad Juárez, Ciudad Victoria, Ciudad Obregón, Córdoba, Chilpancingo-Chilapa, Matamoros, Nezahualcóyotl, Orizaba, Papantla, Querétaro, San Cristóbal de las Casas, Tampico, Teotihuacán, Tlaxcala, Toluca, Torreón, Tula, Valle de Chalco, Veracruz,  Piedras Negras, y algunos institutos y congregaciones religiosas.

En este primer encuentro de la prensa católica se lleva a cabo en Casa Lago-Sede CEM, en Cuautitlán Izcalli, Estado de México, del 19 al 22 de julio, se tratarán temas como la Libertad de Prensa, Identidad de la Prensa Católica, Perfil de los Reporteros Católicos, el Papel de los laicos en los periódicos diocesanos, Prensa Católica en Internet.

Además de ponencias y análisis del diseño de periódicos diocesanos y el uso de la imagen, estrategias de distribución, venta, publicidad de periódicos diocesanos, entre otros temas, serán  impartidos por especialistas en la materia, entre ellos: Jaime Septién, director general del periódico el Observador, corresponsal de la agencia Zenit; Carlos Villa Roiz, periodista especializado en la cobertura religiosa, con reportajes en cuatro continentes, y escritor de varios libros; Jorge Eugenio Traslosheros, doctor en estudios latinoamericanos, profesor del Tecnológico de Monterrey e Investigador nacional.

Entre los panelistas de la CEM, están: padre Mario Ángel Ramos, Sacerdote de la Arquidiócesis de México, ordenado en 1981, entre sus cargos, Prefecto y Vicerrector del Seminario Mayor, secretario Ejecutivo de la Comisión doctrinal de la CEM, ha sido nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI, miembro de la Comisión Teológica Internacional para el quinquenio 2009-2014; Monseñor Eugenio Lira Rugarcía, licenciado en filosofía por la UPAEP, ha publicado artículos en diferentes revistas, ha escrito nueve libros entre ellos  el “Periodismo de la fe”; y Simón Vargas, analista y consultor en temas políticos, escritor de eje central periódico en línea.

Finalmente el secretario Ejecutivo de la CEPCOM, dijo que con estas inquietudes y otras que irán surgiendo durante el encuentro con los directores y representantes de los periódicos católicos, se reflexionará  sobre la importancia de perseguir la búsqueda de la verdad, ya que ésta, en algunos casos se olvida o se calla, por lo que se requiere de operadores competentes, dotados de medios eficaces y comprometidos con la labor periodística que anuncien y denuncien las injusticias de nuestra patria.

Popularity: 4% [?]

Artesanos de Diálogo y Comunión

ASUNTO: Comunicado de la Arquidiócesis de Yucatán

en relación con los hechos violentos ocurridos  en la ciudad de Mérida

ARTESANOS DE DIÁLOGO Y COMUNIÓN

Ante los acontecimientos vividos recientemente en la ciudad de Mérida, el Arzobispado de Yucatán, fiel a las enseñanzas de Jesús, que rechaza la violencia como forma de relación en la sociedad (cf. Mt 11, 29), comunica las siguientes consideraciones:

La sociedad civil, integrada por ciudadanos y gobierno, debe procurar el bien común mediante el respeto a los derechos humanos y el desarrollo de las condiciones que permiten a sus miembros una vida más digna.

En esta tarea, todos debemos poner el mejor esfuerzo para que nuestras propuestas se realicen con una actitud de respeto y de colaboración entre las autoridades y organizaciones de la sociedad civil. Es indispensable que prevalezca el diálogo, la paz y la concordia a pesar de los diferentes puntos de vista que, como  miembros de una misma comunidad, tenemos derecho a asumir y a manifestar.

Reprobamos cualquier acto contrario a la paz, a la que tiene derecho la sociedad en su conjunto y cada uno de sus integrantes, rechazamos los hechos de violencia ocurridos recientemente en nuestra ciudad y expresamos nuestra solidaridad con todas aquellas personas que los sufrieron en forma directa, o bien en la persona de algún familiar o amigo.

Hacemos una atenta llamada a las autoridades a fin de que, en el ámbito de sus respectivas competencias, se investigue la verdad de los hechos, se deslinde las responsabilidades, se garantice el respeto a los derechos humanos y se vele por el cumplimiento de la ley en favor de todos los ciudadanos.

Exhortamos a todos a poner el mejor esfuerzo para lograr el diálogo constructivo, el respeto a las ideas ajenas y a procurar la paz y la concordia.

En este momento que reclama nuestra atención pastoral, hacemos nuestras las palabras de los obispos mexicanos que nos invitan “a vivir la Eucaristía como una gran escuela de paz, donde se formen hombres y mujeres que, en los diversos ámbitos de responsabilidad de la vida social, cultural y política, sean artesanos de diálogo y comunión” (Conferencia del Episcopado Mexicano, “Que en Cristo nuestra Paz, México tenga vida digna”, n. 133).

Mérida, Yucatán, México, 11 de julio de 2011.

Pedro José Echeverría López

Canciller Secretario

Popularity: 3% [?]

Carta a los fieles de Tecoh

 

Tecoh, Yucatán a 28 de febrero de 2011

 

A todos los fieles católicos de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, Tecoh, Yucatán; comunidades de Mazuhcil, Xcanchakán, Telchaquillo, Pixyah, Lepán, Chinkilá, Oxtapacab, Itzincab Camara, Sotuta de Peón.

Estimados Hermanos:

“…somos ministros de la fe, cada uno según el Don de Dios. Yo planté, Apolo regó, pero es Dios quien hace crecer. De manera que ni el que planta ni el que riega son nada, sino Dios que hace crecer. El que planta y el que riega trabajan en lo mismo… Nosotros somos colaboradores de Dios, y ustedes son el campo de Dios, el Edificio de Dios”. 1Cor 2, 6 – 6

“No nos anunciamos a nosotros, sino a Jesucristo como Señor, y nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús” 1Cor 4, 5

El ministerio de nosotros los sacerdotes siempre será dar todo lo que Dios no ha dado en dones y carismas para bien de la comunidad que se nos encomienda por gracia de Dios y del Señor Arzobispo, y me parece hermanos que después de escuchar y mirar las diversas formas de externar su aprecio y valoración hacia el ministerio pastoral que desempeñé con ustedes me voy satisfecho y con un grande compromiso de seguir transparentando a Cristo que es por quien he consagrado completamente mi vida y todo lo que el Señor me ha concedido con su gracia.

Me voy contento y a la vez con el deseo de que la confianza y la esperanza en Dios que fue el centro de mi predicación constante, sea para Ustedes una gran enseñanza para continuar con la madurez de la fe y caridad cristianas colaborando, participando y haciendo crecer la Iglesia en esta amada Villa de Tecoh y las demás comunidades de la parroquia.

Los motivos de mi cambio son estos:

Desde hace poco más de un año se me dio por medio del Señor Arzobispo, la confianza de continuar el encargo diocesano que anteriormente desempeñaba Mons. Carlos Trujillo Selem (q.e.p.d), para sustituirlo el frente de la coordinación del Diezmo en la Diócesis, en colaboración con el Ecónomo el Padre Oscar Cetina Vega, cargo que con responsabilidad asumí con el compromiso que implica.

No responde a la cuestión de la organización de la corrida de toros que celebramos en el marco de la fiesta patronal de la comunidad y en la que tuve participación como aficionado practico; como si fuera castigo del Señor Arzobispo

No responde a los rumores que se suscitaron en la comunidad de que un grupo de personas fueron expresamente al Señor Arzobispo para pedir que me cambiara.

 

Se y soy consciente que los cambios son siempre para bien de la Iglesia, en la vida cotidiana lo experimentamos todo cambio nos hace mejores, nos impulsa a esforzarnos más para dar mucho más de lo que Dios nos ha dado, que quien no cambia se estanca, se acomoda y no se promueve ni personalmente y mucho menos a quienes se les ha confiado.

Por eso queridos hermanos yo siendo coherente con lo anteriormente expresado, y por el cargo de Coordinador diocesano del Diezmo y los otros servicios que se me han encomendado a favor de la Iglesia diocesana, me voy con la alegría de servir y seguir ofreciendo a Dios poco de lo mucho que me ha concedido. Les llevo en mis oraciones y ahora en el corazón de pastor.

De nuevo reitero mi agradecimiento a las muestras de cariño y respeto hacia mi persona y ministerio sacerdotal y les exhorto a que continúen la ardua labor de la construcción del Reino de Dios, con el ánimo renovado y centrado sobre todo en la persona de Jesucristo Nuestro Señor.

Dios les Bendiga.

Con mi oración y aprecio.

 

Pbro. Lic. Raymundo Abelardo de Jesús Pérez Bojórquez

Popularity: 7% [?]

Cuando discuten los padres ¿Que hacer?

Cuando los padres discuten, hay demasiados gritos, insultos y se dicen cosas muy duras.

 

En ocasiones, las discusiones de los padres van todavía más lejos, incluyendo empujones, lanzamiento de objetos o golpes.

 

¿Y qué pasa contigo?

 

Ver a tus padres alterados y fuera de control puede confundirte: ¿no se supone que los padres deben ser las personas calmadas, maduras y serenas de la familia? La medida en que te preocupen las discusiones de tus padres dependerá de la frecuencia con que sucedan, la intensidad de las mismas o el hecho de que se produzcan en la intimidad o delante de otras personas.

 

Es posible que, durante una discusión, te preocupes más por uno de tus padres que por el otro. Es natural preocuparse porque tu mamá o tu papá se pueda sentir especialmente dolido por lo que le ha dicho el otro. O quizás te preocupe que uno de ellos llegue a enfadarse tanto que pueda perder el control. ¿Te preocupa que alguien pueda resultar herido físicamente? Con todo este estrés mental y emocional añadido es posible que tengas dolor de estómago o que tengas ganas de irte a llorar a tu habitación. Es comprensible que te sientas de ese modo cuando hay conflictos a tu alrededor.

 

Si tus padres están discutiendo por ti, puede resultarte especialmente duro. Muchas personas en este tipo de situaciones pensarían erróneamente que la discusión es por su culpa. Pero las discusiones de tus padres nunca son culpa tuya.

 

Si las discusiones de tus padres te preocupan mucho, es posible que te cueste dormir o asistir a clase. En tal caso, trata de hablar con uno de tus padres o con ambos sobre su comportamiento. Tal vez no se hayan dado cuenta de lo mucho que te afectan sus discusiones hasta que se lo digas.

 

Si tú o alguien que conoces vive en una familia donde las discusiones van demasiado lejos, explícaselo a alguien. Puede ayudarte hablar de ello con otro familiar, un profesor, el psicólogo de tu centro de estudios o cualquier adulto en el que confíes. A veces, cuando discuten, algunos padres pierden tanto el control que se lesionan entre sí o lesionan a otros miembros de la familia. En estos casos, el hecho de informar a alguien al respecto permitirá ayudar y proteger a la familia de las peleas.

 

Los miembros de una familia pueden aprender a escucharse y a hablar de sus sentimientos y diferencias sin necesidad de gritarse y chillarse. Pueden pedir ayuda para solucionar el problema de las discusiones y peleas familiares a psicólogos y terapeutas. Aunque puede requerir esfuerzo, tiempo y práctica, los miembros de una familia siempre pueden aprender a llevarse mejor.

 

Recuerda que ninguna familia es perfecta. Incluso en el hogar más feliz surgen problemas y la gente discute. Generalmente los miembros implicados exponen abiertamente lo que les preocupa y hablan sobre ello. Con un poco de suerte, podrán llegar a acuerdos o negociar una solución. Entonces todo el mundo se sentirá mejor y la vida podrá volver a la normalidad.

 

Ser parte de una familia significa arrimar el hombro e intentar hacerle la vida mejor a los demás. Las discusiones suceden y no pasa nada. Con amor, comprensión y un poco de esfuerzo, las familias pueden solucionar casi cualquier problema.

 

titulo original: Cuando discuten los padres

fuente: www.almas.com.mx

Popularity: 7% [?]

Disminuir el Estres

Bien, ya vamos a la mitad del segundo mes del año 2011 y ¿cómo estamos? ¿Cómo nos sentimos?  Muchos nos tomamos este tiempo para reflexionar sobre lo que hemos hecho o hemos dejado de hacer el último año y a muchos se nos antoja hacer algunos cambios para mejorar, los propósitos de año nuevo tienen ese afán pero el mérito está en no abandonarlos  a medio camino.

Para ello debemos de ser objetivos y no ponernos metas muy difíciles o casi imposibles de alcanzar, el estrés con el que hoy vivimos más de uno muchas veces es producto de creer que podemos hacer innumerables cosas al día, a la semana, al mes o al año y al no lograr los fines nos desganamos, perdemos el interés, nos vence la apatía o nos deprimimos.

Para este 2011, ¡Nada de eso! Estrenamos un año en el que seremos nosotros los que decidamos que queremos que suceda, vamos a hacer un calendario con los eventos que ansiamos, pongamos fecha y día a las cosas que queremos lograr y no pensemos demasiado en aquellas que nosotros de ninguna manera podríamos controlar ya que estas cuando se presentan sin pensar las estaremos resolviendo de la mejor manera que podamos.

Seamos optimistas, para mantener el ritmo de las metas que nos tracemos y pongamos toda nuestra voluntad para conseguirlas, lo primero que haremos es reducir el estrés que a veces nos paraliza y para ello debemos identificar en dónde están los puntos débiles que permiten que este mal nos arrase.

Sabemos que un poco de estrés en la vida puede equivaler a un poco de “sal”, nos motiva, nos ayuda a “darle velocidad” a las cosas que queremos, incluso hay gente que afirma que prefiere trabajar “bajo presión” porque le salen mejor las cosas.

Entender el estrés bajo este esquema podría incluso parecer saludable, pero hay que saber distinguirle de aquel que nos consume, que hace daño, que es innecesario o excesivo.

Aquí una pequeña lista que nos pudiera ayudar a identificar si es posible disminuir el estrés innecesario en nuestras vidas, quizá seguir estos consejos y ponerlos en práctica marque una diferencia en la consecución de nuestros propósitos de año nuevo.

1.- Eliminar compromisos innecesarios: bastante tenemos con el trabajo, la casa, la familia, la escuela de los hijos, hacer ejercicio, etc.  Si nos invitan a hacer algo más seamos honestos con nosotros mismos, ¿podemos sacar adelante dicha tarea sin estar literalmente como “loquitos”? aprendamos a decir no, hay tareas que merecen nuestra atención antes que otras.

2.- No dejar las cosas para más tarde: nos causa mucho estrés ver como se acumulan los pendientes, así que mejor “hágalo ahora mismo” esta política arroja buenos resultados.

3.- Mantener el orden: las cosas tienden a desorganizarse naturalmente, así que mejor tomémonos un tiempo para ordenar  casa y oficina, reduciremos el estrés y la angustia si sabemos que todo está en su lugar.

4.- Seamos puntuales: llegar tarde es causa de ansiedad, preparémonos para llegar a tiempo a nuestros compromisos, si no tenemos el hábito de levantarnos temprano tratemos de conseguirlo, esto ayudará muchísimo a tener nuestras tareas a tiempo y no tendremos que correr para ser puntuales.

5.- No intente controlar: nosotros no dominamos el mundo, actuar como si pudiésemos controlar las circunstancias o a las otras personas es causa de mucho estrés.  Aprendamos a tener un plan B, relajarnos, aceptar la forma en la que las otras personas hacen las cosas y aceptar lo que nos sucede durante el día.  Tener muy presente que lo único que podemos dominar es a nosotros mismos y esto representa el 90% de lo que nos sucede cada día.

6.- Enfocarse a una tarea: esto evita pérdida de tiempo, concentrarse en una cosa logra que salga mejor el trabajo para después dedicarnos a otra, eso sí, planeas todas las tareas reduce el estrés.

7.- Ayudar a otros: pongamos en la agenda esta tarea importantísima, apoyar a otros no sólo reduce el estrés sino nos deja una grata sensación de satisfacción y felicidad.

8.- Relájese: al final del día tomémonos un ratito para descansar,  pensar en lo que nos salió bien o no nos salió para preparar mejor nuestro mañana.

Vivir con el mínimo estrés sin duda mejorará nuestra calidad de vida, y eso, seguro que está en nuestras manos.

Por Ivette Laviada

Popularity: 4% [?]

La Libertad Religiosa, Camino para la Paz

MENSAJE DE SU SANTIDAD

BENEDICTO XVI

PARA LA CELEBRACIÓN DE LA

XLIV JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 DE ENERO DE 2011

LA LIBERTAD RELIGIOSA, CAMINO PARA LA PAZ

1. Al comienzo de un nuevo año deseo hacer llegar a todos mi felicitación; es un deseo de serenidad y de prosperidad, pero sobre todo de paz. El año que termina también ha estado marcado lamentablemente por persecuciones, discriminaciones, por terribles actos de violencia y de intolerancia religiosa.

Pienso de modo particular en la querida tierra de Irak, que en su camino hacia la deseada estabilidad y reconciliación sigue siendo escenario de violencias y atentados. Vienen a la memoria los recientes sufrimientos de la comunidad cristiana, y de modo especial el vil ataque contra la catedral sirio-católica Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de Bagdad, en la que el 31 de octubre pasado fueron asesinados dos sacerdotes y más de cincuenta fieles, mientras estaban reunidos para la celebración de la Santa Misa. En los días siguientes se han sucedido otros ataques, también a casas privadas, provocando miedo en la comunidad cristiana y el deseo en muchos de sus miembros de emigrar para encontrar mejores condiciones de vida. Deseo manifestarles mi cercanía, así como la de toda la Iglesia, y que se ha expresado de una manera concreta en la reciente Asamblea Especial para Medio Oriente del Sínodo de los Obispos. Ésta ha dirigido una palabra de aliento a las comunidades católicas en Irak y en Medio Oriente para vivir la comunión y seguir dando en aquellas tierras un testimonio valiente de fe.

Agradezco vivamente a los Gobiernos que se esfuerzan por aliviar los sufrimientos de estos hermanos en humanidad, e invito a los Católicos a rezar por sus hermanos en la fe, que sufren violencias e intolerancias, y a ser solidarios con ellos. En este contexto, siento muy viva la necesidad de compartir con vosotros algunas reflexiones sobre la libertad religiosa, camino para la paz. En efecto, se puede constatar con dolor que en algunas regiones del mundo la profesión y expresión de la propia religión comporta un riesgo para la vida y la libertad personal. En otras regiones, se dan formas más silenciosas y sofisticadas de prejuicio y de oposición hacia los creyentes y los símbolos religiosos. Los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe. Muchos sufren cada día ofensas y viven frecuentemente con miedo por su búsqueda de la verdad, su fe en Jesucristo y por su sincero llamamiento a que se reconozca la libertad religiosa. Todo esto no se puede aceptar, porque constituye una ofensa a Dios y a la dignidad humana; además es una amenaza a la seguridad y a la paz, e impide la realización de un auténtico desarrollo humano integral. [1]

En efecto, en la libertad religiosa se expresa la especificidad de la persona humana, por la que puede ordenar la propia vida personal y social a Dios, a cuya luz se comprende plenamente la identidad, el sentido y el fin de la persona. Negar o limitar de manera arbitraria esa libertad, significa cultivar una visión reductiva de la persona humana, oscurecer el papel público de la religión; significa generar una sociedad injusta, que no se ajusta a la verdadera naturaleza de la persona humana; significa hacer imposible la afirmación de una paz auténtica y estable para toda la familia humana.

Por tanto, exhorto a los hombres y mujeres de buena voluntad a renovar su compromiso por la construcción de un mundo en el que todos puedan profesar libremente su religión o su fe, y vivir su amor a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente (cf. Mt 22, 37). Éste es el sentimiento que inspira y guía el Mensaje para la XLIV Jornada Mundial de la Paz, dedicado al tema: La libertad religiosa, camino para la paz.

Derecho sagrado a la vida y a una vida espiritual

2. El derecho a la libertad religiosa se funda en la misma dignidad de la persona humana, [2] cuya naturaleza trascendente no se puede ignorar o descuidar. Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 27). Por eso, toda persona es titular del derecho sagrado a una vida íntegra, también desde el punto de vista espiritual. Si no se reconoce su propio ser espiritual, sin la apertura a la trascendencia, la persona humana se repliega sobre sí misma, no logra encontrar respuestas a los interrogantes de su corazón sobre el sentido de la vida, ni conquistar valores y principios éticos duraderos, y tampoco consigue siquiera experimentar una auténtica libertad y desarrollar una sociedad justa. [3]

La Sagrada Escritura, en sintonía con nuestra propia experiencia, revela el valor profundo de la dignidad humana: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies» (Sal 8, 4-7).

Ante la sublime realidad de la naturaleza humana, podemos experimentar el mismo asombro del salmista. Ella se manifiesta como apertura al Misterio, como capacidad de interrogarse en profundidad sobre sí mismo y sobre el origen del universo, como íntima resonancia del Amor supremo de Dios, principio y fin de todas las cosas, de cada persona y de los pueblos. [4] La dignidad trascendente de la persona es un valor esencial de la sabiduría judeo-cristiana, pero, gracias a la razón, puede ser reconocida por todos. Esta dignidad, entendida como capacidad de trascender la propia materialidad y buscar la verdad, ha de ser reconocida como un bien universal, indispensable para la construcción de una sociedad orientada a la realización y plenitud del hombre. El respeto de los elementos esenciales de la dignidad del hombre, como el derecho a la vida y a la libertad religiosa, es una condición para la legitimidad moral de toda norma social y jurídica.

Libertad religiosa y respeto recíproco

3. La libertad religiosa está en el origen de la libertad moral. En efecto, la apertura a la verdad y al bien, la apertura a Dios, enraizada en la naturaleza humana, confiere a cada hombre plena dignidad, y es garantía del respeto pleno y recíproco entre las personas. Por tanto, la libertad religiosa se ha de entender no sólo como ausencia de coacción, sino antes aún como capacidad de ordenar las propias opciones según la verdad.

Entre libertad y respeto hay un vínculo inseparable; en efecto, «al ejercer sus derechos, los individuos y grupos sociales están obligados por la ley moral a tener en cuenta los derechos de los demás y sus deberes con relación a los otros y al bien común de todos». [5]

Una libertad enemiga o indiferente con respecto a Dios termina por negarse a sí misma y no garantiza el pleno respeto del otro. Una voluntad que se cree radicalmente incapaz de buscar la verdad y el bien no tiene razones objetivas y motivos para obrar, sino aquellos que provienen de sus intereses momentáneos y pasajeros; no tiene una “identidad” que custodiar y construir a través de las opciones verdaderamente libres y conscientes. No puede, pues, reclamar el respeto por parte de otras “voluntades”, que también están desconectadas de su ser más profundo, y que pueden hacer prevalecer otras “razones” o incluso ninguna “razón”. La ilusión de encontrar en el relativismo moral la clave para una pacífica convivencia, es en realidad el origen de la división y negación de la dignidad de los seres humanos. Se comprende entonces la necesidad de reconocer una doble dimensión en la unidad de la persona humana: la religiosa y la social. A este respecto, es inconcebible que los creyentes «tengan que suprimir una parte de sí mismos –su fe– para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos». [6]

La familia, escuela de libertad y de paz

4. Si la libertad religiosa es camino para la paz, la educación religiosa es una vía privilegiada que capacita a las nuevas generaciones para reconocer en el otro a su propio hermano o hermana, con quienes camina y colabora para que todos se sientan miembros vivos de la misma familia humana, de la que ninguno debe ser excluido.

La familia fundada sobre el matrimonio, expresión de la unión íntima y de la complementariedad entre un hombre y una mujer, se inserta en este contexto como la primera escuela de formación y crecimiento social, cultural, moral y espiritual de los hijos, que deberían ver siempre en el padre y la madre el primer testimonio de una vida orientada a la búsqueda de la verdad y al amor de Dios. Los mismos padres deberían tener la libertad de poder transmitir a los hijos, sin constricciones y con responsabilidad, su propio patrimonio de fe, valores y cultura. La familia, primera célula de la sociedad humana, sigue siendo el ámbito primordial de formación para unas relaciones armoniosas en todos los ámbitos de la convivencia humana, nacional e internacional. Éste es el camino que se ha de recorrer con sabiduría para construir un tejido social sólido y solidario, y preparar a los jóvenes para que, con un espíritu de comprensión y de paz, asuman su propia responsabilidad en la vida, en una sociedad libre.

Un patrimonio común

5. Se puede decir que, entre los derechos y libertades fundamentales enraizados en la dignidad de la persona, la libertad religiosa goza de un estatuto especial. Cuando se reconoce la libertad religiosa, la dignidad de la persona humana se respeta en su raíz, y se refuerzan el ethos y las instituciones de los pueblos. Y viceversa, cuando se niega la libertad religiosa, cuando se intenta impedir la profesión de la propia religión o fe y vivir conforme a ellas, se ofende la dignidad humana, a la vez que se amenaza la justicia y la paz, que se fundan en el recto orden social construido a la luz de la Suma Verdad y Sumo Bien.

La libertad religiosa significa también, en este sentido, una conquista de progreso político y jurídico. Es un bien esencial: toda persona ha de poder ejercer libremente el derecho a profesar y manifestar, individualmente o comunitariamente, la propia religión o fe, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, las publicaciones, el culto o la observancia de los ritos. No debería haber obstáculos si quisiera adherirse eventualmente a otra religión, o no profesar ninguna. En este ámbito, el ordenamiento internacional resulta emblemático y es una referencia esencial para los Estados, ya que no consiente ninguna derogación de la libertad religiosa, salvo la legítima exigencia del justo orden público. [7] El ordenamiento internacional, por tanto, reconoce a los derechos de naturaleza religiosa el mismo status que el derecho a la vida y a la libertad personal, como prueba de su pertenencia al núcleo esencial de los derechos del hombre, de los derechos universales y naturales que la ley humana jamás puede negar.

La libertad religiosa no es patrimonio exclusivo de los creyentes, sino de toda la familia de los pueblos de la tierra. Es un elemento imprescindible de un Estado de derecho; no se puede negar sin dañar al mismo tiempo los demás derechos y libertades fundamentales, pues es su síntesis y su cumbre. Es un «indicador para verificar el respeto de todos los demás derechos humanos». [8] Al mismo tiempo que favorece el ejercicio de las facultades humanas más específicas, crea las condiciones necesarias para la realización de un desarrollo integral, que concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones. [9]

La dimensión pública de la religión

6. La libertad religiosa, como toda libertad, aunque proviene de la esfera personal, se realiza en la relación con los demás. Una libertad sin relación no es una libertad completa. La libertad religiosa no se agota en la simple dimensión individual, sino que se realiza en la propia comunidad y en la sociedad, en coherencia con el ser relacional de la persona y la naturaleza pública de la religión.

La relacionalidad es un componente decisivo de la libertad religiosa, que impulsa a las comunidades de los creyentes a practicar la solidaridad con vistas al bien común. En esta dimensión comunitaria cada persona sigue siendo única e irrepetible y, al mismo tiempo, se completa y realiza plenamente.

Es innegable la aportación que las comunidades religiosas dan a la sociedad. Son muchas las instituciones caritativas y culturales que dan testimonio del papel constructivo de los creyentes en la vida social. Más importante aún es la contribución ética de la religión en el ámbito político. No se la debería marginar o prohibir, sino considerarla como una aportación válida para la promoción del bien común. En esta perspectiva, hay que mencionar la dimensión religiosa de la cultura, que a lo largo de los siglos se ha forjado gracias a la contribución social y, sobre todo, ética de la religión. Esa dimensión no constituye de ninguna manera una discriminación para los que no participan de la creencia, sino que más bien refuerza la cohesión social, la integración y la solidaridad.

La libertad religiosa, fuerza de libertad y de civilización:

los peligros de su instrumentalización

7. La instrumentalización de la libertad religiosa para enmascarar intereses ocultos, como por ejemplo la subversión del orden constituido, la acumulación de recursos o la retención del poder por parte de un grupo, puede provocar daños enormes a la sociedad. El fanatismo, el fundamentalismo, las prácticas contrarias a la dignidad humana, nunca se pueden justificar y mucho menos si se realizan en nombre de la religión. La profesión de una religión no se puede instrumentalizar ni imponer por la fuerza. Es necesario, entonces, que los Estados y las diferentes comunidades humanas no olviden nunca que la libertad religiosa es condición para la búsqueda de la verdad y que la verdad no se impone con la violencia sino por «la fuerza de la misma verdad». [10] En este sentido, la religión es una fuerza positiva y promotora de la construcción de la sociedad civil y política.

¿Cómo negar la aportación de las grandes religiones del mundo al desarrollo de la civilización? La búsqueda sincera de Dios ha llevado a un mayor respeto de la dignidad del hombre. Las comunidades cristianas, con su patrimonio de valores y principios, han contribuido mucho a que las personas y los pueblos hayan tomado conciencia de su propia identidad y dignidad, así como a la conquista de instituciones democráticas y a la afirmación de los derechos del hombre con sus respectivas obligaciones.

También hoy, en una sociedad cada vez más globalizada, los cristianos están llamados a dar su aportación preciosa al fatigoso y apasionante compromiso por la justicia, al desarrollo humano integral y a la recta ordenación de las realidades humanas, no sólo con un compromiso civil, económico y político responsable, sino también con el testimonio de su propia fe y caridad. La exclusión de la religión de la vida pública, priva a ésta de un espacio vital que abre a la trascendencia. Sin esta experiencia primaria resulta difícil orientar la sociedad hacia principios éticos universales, así como al establecimiento de ordenamientos nacionales e internacionales en que los derechos y libertades fundamentales puedan ser reconocidos y realizados plenamente, conforme a lo propuesto en los objetivos de la Declaración Universal de los derechos del hombre de 1948, aún hoy por desgracia incumplidos o negados.

Una cuestión de justicia y de civilización:

el fundamentalismo y la hostilidad contra los creyentes comprometen la laicidad positiva de los Estados

8. La misma determinación con la que se condenan todas las formas de fanatismo y fundamentalismo religioso ha de animar la oposición a todas las formas de hostilidad contra la religión, que limitan el papel público de los creyentes en la vida civil y política.

No se ha de olvidar que el fundamentalismo religioso y el laicismo son formas especulares y extremas de rechazo del legítimo pluralismo y del principio de laicidad. En efecto, ambos absolutizan una visión reductiva y parcial de la persona humana, favoreciendo, en el primer caso, formas de integrismo religioso y, en el segundo, de racionalismo. La sociedad que quiere imponer o, al contrario, negar la religión con la violencia, es injusta con la persona y con Dios, pero también consigo misma. Dios llama a sí a la humanidad con un designio de amor que, implicando a toda la persona en su dimensión natural y espiritual, reclama una correspondencia en términos de libertad y responsabilidad, con todo el corazón y el propio ser, individual y comunitario. Por tanto, también la sociedad, en cuanto expresión de la persona y del conjunto de sus dimensiones constitutivas, debe vivir y organizarse de tal manera que favorezca la apertura a la trascendencia. Por eso, las leyes y las instituciones de una sociedad no se pueden configurar ignorando la dimensión religiosa de los ciudadanos, o de manera que prescinda totalmente de ella. A través de la acción democrática de ciudadanos conscientes de su alta vocación, se han de conmensurar con el ser de la persona, para poder secundarlo en su dimensión religiosa. Al no ser ésta una creación del Estado, no puede ser manipulada, sino que más bien debe reconocerla y respetarla.

El ordenamiento jurídico en todos los niveles, nacional e internacional, cuando consiente o tolera el fanatismo religioso o antirreligioso, no cumple con su misión, que consiste en la tutela y promoción de la justicia y el derecho de cada uno. Éstas últimas no pueden quedar al arbitrio del legislador o de la mayoría porque, como ya enseñaba Cicerón, la justicia consiste en algo más que un mero acto productor de la ley y su aplicación. Implica el reconocimiento de la dignidad de cada uno, [11] la cual, sin libertad religiosa garantizada y vivida en su esencia, resulta mutilada y vejada, expuesta al peligro de caer en el predominio de los ídolos, de bienes relativos transformados en absolutos. Todo esto expone a la sociedad al riesgo de totalitarismos políticos e ideológicos, que enfatizan el poder público, mientras se menoscaba y coarta la libertad de conciencia, de pensamiento y de religión, como si fueran rivales.

Diálogo entre instituciones civiles y religiosas

9. El patrimonio de principios y valores expresados en una religiosidad auténtica es una riqueza para los pueblos y su ethos. Se dirige directamente a la conciencia y a la razón de los hombres y mujeres, recuerda el imperativo de la conversión moral, motiva el cultivo y la práctica de las virtudes y la cercanía hacia los demás con amor, bajo el signo de la fraternidad, como miembros de la gran familia humana. [12]

La dimensión pública de la religión ha de ser siempre reconocida, respetando la laicidad positiva de las instituciones estatales. Para dicho fin, es fundamental un sano diálogo entre las instituciones civiles y las religiosas para el desarrollo integral de la persona humana y la armonía de la sociedad.

Vivir en el amor y en la verdad

10. En un mundo globalizado, caracterizado por sociedades cada vez más multiétnicas y multiconfesionales, las grandes religiones pueden constituir un importante factor de unidad y de paz para la familia humana. Sobre la base de las respectivas convicciones religiosas y de la búsqueda racional del bien común, sus seguidores están llamados a vivir con responsabilidad su propio compromiso en un contexto de libertad religiosa. En las diversas culturas religiosas, a la vez que se debe rechazar todo aquello que va contra la dignidad del hombre y la mujer, se ha de tener en cuenta lo que resulta positivo para la convivencia civil.

El espacio público, que la comunidad internacional pone a disposición de las religiones y su propuesta de “vida buena”, favorece el surgir de un criterio compartido de verdad y de bien, y de un consenso moral, fundamentales para una convivencia justa y pacífica. Los líderes de las grandes religiones, por su papel, su influencia y su autoridad en las propias comunidades, son los primeros en ser llamados a vivir en el respeto recíproco y en el diálogo.

Los cristianos, por su parte, están llamados por la misma fe en Dios, Padre del Señor Jesucristo, a vivir como hermanos que se encuentran en la Iglesia y colaboran en la edificación de un mundo en el que las personas y los pueblos «no harán daño ni estrago […], porque está lleno el país de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar» (Is 11, 9).

El diálogo como búsqueda en común

11. El diálogo entre los seguidores de las diferentes religiones constituye para la Iglesia un instrumento importante para colaborar con todas las comunidades religiosas al bien común. La Iglesia no rechaza nada de lo que en las diversas religiones es verdadero y santo. «Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, aunque discrepen mucho de los que ella mantiene y propone, no pocas veces reflejan, sin embargo, un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres». [13]

Con eso no se quiere señalar el camino del relativismo o del sincretismo religioso. La Iglesia, en efecto, «anuncia y tiene la obligación de anunciar sin cesar a Cristo, que es “camino, verdad y vida” (Jn 14, 6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa, en quien Dios reconcilió consigo todas las cosas». [14] Sin embargo, esto no excluye el diálogo y la búsqueda común de la verdad en los diferentes ámbitos vitales, pues, como afirma a menudo santo Tomás, «toda verdad, independientemente de quien la diga, viene del Espíritu Santo». [15]

En el año 2011 se cumplirá el 25 aniversario de la Jornada mundial de oración por la paz, que fue convocada en Asís por el Venerable Juan Pablo II, en 1986. En dicha ocasión, los líderes de las grandes religiones del mundo testimoniaron que las religiones son un factor de unión y de paz, no de división y de conflicto. El recuerdo de aquella experiencia es un motivo de esperanza en un futuro en el que todos los creyentes se sientan y sean auténticos trabajadores por la justicia y la paz.

Verdad moral en la política y en la diplomacia

12. La política y la diplomacia deberían contemplar el patrimonio moral y espiritual que ofrecen las grandes religiones del mundo, para reconocer y afirmar aquellas verdades, principios y valores universales que no pueden negarse sin negar la dignidad de la persona humana. Pero, ¿qué significa, de manera práctica, promover la verdad moral en el mundo de la política y de la diplomacia? Significa actuar de manera responsable sobre la base del conocimiento objetivo e íntegro de los hechos; quiere decir desarticular aquellas ideologías políticas que terminan por suplantar la verdad y la dignidad humana, y promueven falsos valores con el pretexto de la paz, el desarrollo y los derechos humanos; significa favorecer un compromiso constante para fundar la ley positiva sobre los principios de la ley natural. [16] Todo esto es necesario y coherente con el respeto de la dignidad y el valor de la persona humana, ratificado por los Pueblos de la tierra en la Carta de la Organización de las Naciones Unidas de 1945, que presenta valores y principios morales universales como referencia para las normas, instituciones y sistemas de convivencia en el ámbito nacional e internacional.

Más allá del odio y el prejuicio

13. A pesar de las enseñanzas de la historia y el esfuerzo de los Estados, las Organizaciones internacionales a nivel mundial y local, de las Organizaciones no gubernamentales y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que cada día se esfuerzan por tutelar los derechos y libertades fundamentales, se siguen constatando en el mundo persecuciones, discriminaciones, actos de violencia y de intolerancia por motivos religiosos. Particularmente en Asia y África, las víctimas son principalmente miembros de las minorías religiosas, a los que se les impide profesar libremente o cambiar la propia religión a través de la intimidación y la violación de los derechos, de las libertades fundamentales y de los bienes esenciales, llegando incluso a la privación de la libertad personal o de la misma vida.

Como ya he afirmado, se dan también formas más sofisticadas de hostilidad contra la religión, que en los Países occidentales se expresan a veces renegando de la historia y de los símbolos religiosos, en los que se reflejan la identidad y la cultura de la mayoría de los ciudadanos. Son formas que fomentan a menudo el odio y el prejuicio, y no coinciden con una visión serena y equilibrada del pluralismo y la laicidad de las instituciones, además del riesgo para las nuevas generaciones de perder el contacto con el precioso patrimonio espiritual de sus Países.

La defensa de la religión pasa a través de la defensa de los derechos y de las libertades de las comunidades religiosas. Que los líderes de las grandes religiones del mundo y los responsables de las naciones, renueven el compromiso por la promoción y tutela de la libertad religiosa, en particular, por la defensa de las minorías religiosas, que no constituyen una amenaza contra la identidad de la mayoría, sino que, por el contrario, son una oportunidad para el diálogo y el recíproco enriquecimiento cultural. Su defensa representa la manera ideal para consolidar el espíritu de benevolencia, de apertura y de reciprocidad con el que se tutelan los derechos y libertades fundamentales en todas las áreas y regiones del mundo.

La libertad religiosa en el mundo

14. Por último, me dirijo a las comunidades cristianas que sufren persecuciones, discriminaciones, actos de violencia e intolerancia, en particular en Asia, en África, en Oriente Medio y especialmente en Tierra Santa, lugar elegido y bendecido por Dios. A la vez que les renuevo mi afecto paterno y les aseguro mi oración, pido a todos los responsables que actúen prontamente para poner fin a todo atropello contra los cristianos que viven en esas regiones. Que los discípulos de Cristo no se desanimen ante las adversidades actuales, porque el testimonio del Evangelio es y será siempre un signo de contradicción.

Meditemos en nuestro corazón las palabras del Señor Jesús: «Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados […]. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo» (Mt 5, 5-12). Renovemos, pues, «el compromiso de indulgencia y de perdón que hemos adquirido, y que invocamos en el Pater Noster, al poner nosotros mismos la condición y la medida de la misericordia que deseamos obtener: “Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mt 6, 12)». [17] La violencia no se vence con la violencia. Que nuestro grito de dolor vaya siempre acompañado por la fe, la esperanza y el testimonio del amor de Dios. Expreso también mi deseo de que en Occidente, especialmente en Europa, cesen la hostilidad y los prejuicios contra los cristianos, por el simple hecho de que intentan orientar su vida en coherencia con los valores y principios contenidos en el Evangelio. Que Europa sepa más bien reconciliarse con sus propias raíces cristianas, que son fundamentales para comprender el papel que ha tenido, que tiene y que quiere tener en la historia; de esta manera, sabrá experimentar la justicia, la concordia y la paz, cultivando un sincero diálogo con todos los pueblos.

La libertad religiosa, camino para la paz

15. El mundo tiene necesidad de Dios. Tiene necesidad de valores éticos y espirituales, universales y compartidos, y la religión puede contribuir de manera preciosa a su búsqueda, para la construcción de un orden social justo y pacífico, a nivel nacional e internacional.

La paz es un don de Dios y al mismo tiempo un proyecto que realizar, pero que nunca se cumplirá totalmente. Una sociedad reconciliada con Dios está más cerca de la paz, que no es la simple ausencia de la guerra, ni el mero fruto del predominio militar o económico, ni mucho menos de astucias engañosas o de hábiles manipulaciones. La paz, por el contrario, es el resultado de un proceso de purificación y elevación cultural, moral y espiritual de cada persona y cada pueblo, en el que la dignidad humana es respetada plenamente. Invito a todos los que desean ser constructores de paz, y sobre todo a los jóvenes, a escuchar la propia voz interior, para encontrar en Dios referencia segura para la conquista de una auténtica libertad, la fuerza inagotable para orientar el mundo con un espíritu nuevo, capaz de no repetir los errores del pasado. Como enseña el Siervo de Dios Pablo VI, a cuya sabiduría y clarividencia se debe la institución de la Jornada Mundial de la Paz: «Ante todo, hay que dar a la Paz otras armas que no sean las destinadas a matar y a exterminar a la humanidad. Son necesarias, sobre todo, las armas morales, que den fuerza y prestigio al derecho internacional; primeramente, la de observar los pactos». [18] La libertad religiosa es un arma auténtica de la paz, con una misión histórica y profética. En efecto, ella valoriza y hace fructificar las más profundas cualidades y potencialidades de la persona humana, capaces de cambiar y mejorar el mundo. Ella permite alimentar la esperanza en un futuro de justicia y paz, también ante las graves injusticias y miserias materiales y morales. Que todos los hombres y las sociedades, en todos los ámbitos y ángulos de la Tierra, puedan experimentar pronto la libertad religiosa, camino para la paz.

Vaticano, 8 de diciembre de 2010

BENEDICTUS PP XVI

Popularity: 4% [?]

La ansiedad y el miedo son normales I

Todas las personas, desde los niños(as) hasta los adultos más mayores, experimentan ansiedades y miedos de vez en cuando. Sentirse ansioso en una situación particularmente incómoda nunca es agradable. Sin embargo, cuando se trata de los niños(as), experimentar este tipo de sentimientos es normal y necesario. Sentir y lidiar con la ansiedad puede preparar a las personas más jóvenes a hacer frente a experiencias y situaciones retadoras en la vida.

La definición de la ansiedad es “una aprehensión sin una causa aparente.” Suele ocurrir cuando no existe una amenaza inmediata a la seguridad o el bienestar de una persona, pero sin embargo la amenaza se siente como algo real. La ansiedad hace que una persona quiera escapar de una situación –rápidamente. El corazón late con velocidad, el cuerpo puede que empiece a sudar y pronto la persona sentirá “mariposas” en el estómago. Sin embargo, un poco de ansiedad puede ayudar a las personas a mantenerse alerta y concentradas.

Sentir miedo o tener ansiedad sobre ciertas cosas puede ser positivo porque hace que los niños(as) se comporten de una manera más segura. Por ejemplo, un niño(a) que tenga miedo al fuego evitará jugar con fósforos.

La naturaleza de las ansiedades y de los miedos cambia a medida que los niños(as) crecen y se desarrollan:

• Los bebés experimentan ansiedad ante los extraños, abrazando fuertemente a sus padres cuando personas que no reconocen se acercan a ellos.

• Los infantes de 10 a 18 meses experimentan ansiedad debido a la separación, sintiéndose emocionalmente disgustados cuando uno o ambos padres se apartan de su lado.

• Los niños(as) con edades entre cuatro y seis años de edad sienten ansiedad respecto a las cosas que no se basan en la realidad, como por ejemplo, el miedo a los monstruos y a los fantasmas.

• Los niños(as) con edades entre los siete y 12 años generalmente tienen miedos que reflejan circunstancias reales que pueden ocurrirles como por ejemplo, lastimarse o enfrentar desastres naturales.

A medida que los niños(as) crecen, un tipo de miedo puede desaparecer o ser reemplazado por otro. Por ejemplo, un niño(a) que no puede dormir con la luz apagada a los cinco años puede que disfrute un cuento sobre fantasmas años después al asistir a una fiesta. Algunos miedos pueden referirse únicamente a un cierto tipo de estímulo. En otras palabras, un niño(a) puede que quiera acariciar a un león en el zoológico pero ni soñaría con acercarse a acariciar al perro de un vecino.

Reconociendo los síntomas de la ansiedad

Los miedos típicos de la niñez cambian con la edad. Estos incluyen el miedo a los extraños, a las alturas, a la oscuridad, a los animales, a la sangre, a los insectos o a estar solo(a). Los niños(as) generalmente aprenden a tenerle miedo a un objeto específico o a una situación después e haber tenido una experiencia desagradable, como la mordedura de un perro o un accidente.

La ansiedad a causa de la separación es muy común cuando los niños(as) pequeños comienzan la escuela; mientras que los adolescentes pueden experimentar un tipo de ansiedad relacionada con la aceptación social y los logros académicos.

Si los sentimientos de ansiedad persisten, pueden afectar la sensación de bienestar de los niños(as). La ansiedad asociada con evitar situaciones sociales puede tener efectos a largo plazo. Por ejemplo, un niño(a) con miedo a de ser rechazado puede dejar de aprender ciertos hábitos para relacionarse en la sociedad, ocasionando que su aislamiento social.

Muchos adultos se sienten atormentados por miedos que comenzaron a partir de experiencias en la infancia. El miedo de un adulto de hablar en público puede ser el resultado de haber sido avergonzado en frente de compañeros del colegio muchos años atrás. Es importante reconocer e identifique los signos y los síntomas de las ansiedades de sus hijos(as) para que la preocupación no sea excesiva.

Algunos de los signos que pueden revelar la ansiedad de un niño(a) respecto a algo, pueden incluir:

• una actitud demasiado apegada, impulsiva o distraída

• movimientos nerviosos, como un tic temporal

• problemas para quedarse dormido(a) o lo contrario, dormir más de lo normal

• manos sudadas

• ritmo cardiaco y respiración acelerada

• nausea

• dolores de cabeza

• dolores de estómago

Además de estos signos, los padres generalmente pueden darse cuenta de cuando su hijo(a) no se siente cómodo respecto a algo. Escucharles con atención siempre ayuda; algunas veces simplemente hablar sobre el miedo puede ayudar a un niño(a) a superarlo.

fuente: almas.com.mx

Popularity: 4% [?]

La ansiedad y el miedo son normales II

¿Qué es una fobia?

Cuando las ansiedades y los miedos persisten, algunos problemas pueden surgir. Independientemente de cuánto un padre desee que su hijo(a) supere ciertos miedos, a veces lo contrario ocurre, y la causa de la ansiedad abarca más terreno y se hace más prevalerte. La ansiedad entonces se convierte en una fobia o un miedo que es extremo, severo y persistente.

Una fobia puede ser difícil de tolerar, tanto para los niños(as) como para las personas que los rodean, especialmente si los estímulos que producen la ansiedad (cualquier situación u objeto que la motive) sea difícil de evitar (e.g., las tormentas).

Las fobias “reales” son una de las principales causas por las que los niños(as) son referidos a los profesionales de la salud mental. Pero la buena noticia es que a menos que la fobia de un niño(a) impida su capacidad de funcionar diariamente, el niño(a) a veces no necesitará tratamiento con un profesional ya que con el tiempo la fobia desaparecerá.

Enfocándose en las ansiedades, los miedos y fobias de su hijo(a)

Intente contestar a las siguientes preguntas con honestidad:

¿Los miedos y el comportamiento que su hijo(a) demuestra son típicos de un niño(a) de su edad? Si la respuesta a esta pregunta es sí, es muy probable que los miedos de su hijo se resuelvan antes de que se conviertan en una causa para preocuparse. Esto no significa que la ansiedad debe ser ignorada u olvidada; en su lugar, debe ser considerada como un factor en el desarrollo normal de su hijo(a).

Muchos niños(as) experimentan miedos apropiados para su edad, como el miedo a la oscuridad. La mayoría de los niños(as), con el apoyo humano y quizás una lámpara nocturna, superaran este miedo. Sin embargo, si el problema continúa o si existe ansiedad frente a otros temas, la intervención puede que tenga que ser más intensiva.

¿Cuáles son los síntomas del miedo y cómo afectan al funcionamiento personal, social y académico de su hijo? Si los síntomas pueden ser identificados y considerados en base a las actividades diarias de su hijo(a), pueden hacerse ajustes para aliviar algunos de estos factores de tensión.

¿Parece el miedo poco razonable en relación a la realidad de las situaciones, y pudiera ser un signo de un problema más importante? Si el miedo de su hijo(a) parece estar fuera de proporción con lo que ocasiona su preocupación, esto puede ser una señal de que es necesaria la ayuda de un consejero, un psiquiatra o un psicólogo.

Es una buena idea que los padres busquen patrones de comportamiento. Si un incidente aislado se resuelve, los padres no deberían hacerlo más significativo de lo que fue. Sin embargo, si existe un patrón persistente o si surge uno que trascienda, usted debe intervenir. Si no lo hace, es posible que la fobia influya sobre su hijo más adelante.

Usted puede contactar con el doctor de su hijo(a) o con un profesional de la salud mental con la experiencia para trabajar con niños(as) y adolescentes.

Cómo ayudar a su hijo(a)

Los padres pueden ayudar a sus hijos(as) a desarrollar los elementos y la confianza en sí mismos para superar los miedos evitando que se conviertan en reacciones fóbicas. A continuación detallamos algunos consejos para que usted pueda ayudar a su hijo(a) con los miedos o ansiedades que pueda tener:

Reconozca que el miedo es real. Tan trivial como parezca, para su hijo(a) es real y está causando que sienta ansiedad y miedo. Ser capaz de hablar sobre el miedo ayuda – las palabras a veces le quitan el poder a los pensamientos negativos. Si usted habla acerca de ello, el miedo puede ser menos poderoso.

Nunca opine que el miedo es insignificante para forzar a su niño(a) a que lo supere. Decirle a su hijo(a), “¡No seas ridículo! ¡No hay monstruos en tu closet!” puede que haga que su hijo vuelva a la cama, pero no hará que el miedo desaparezca.

No se rinda ante los miedos. Si a su hijo no le gustan los perros, no cruce la calle a propósito para evitar encontrarse con un perro. Este comportamiento fortalecerá el pensamiento de que los perros deben evitarse. Brinde apoyo y demuestre protección a medida que se acerque con su hijo(a) al objeto o situación que genere temor.

Enseñe a su hijo(a) a cómo evaluar el miedo. Si su hijo(a) puede visualizar la intensidad del miedo en una escala del uno al 10, con el número 10 como el más fuerte, él o ella puede que “vean” al miedo con menos intensidad de lo que originalmente imaginaron. Los niños(as) más jóvenes pueden pensar en sentir miedo “hasta las rodillas” como algo no muy temido, “hasta el estómago” como algo más temido y “hasta la cabeza” como petrificado.

Enseñe a sus hijos(as) estrategias para hacer frente al miedo. Intente estas técnicas fáciles de implementar. Utilizándolo a usted como la “base” el niño(a) puede atreverse a acercarse al objeto temido y luego volver a acercarse a usted en busca de seguridad antes de volverse a cercar al objeto o situación temida. Los niños(as) también pueden aprender frases positivas sobre sí mismos(as) como por ejemplo “Yo soy capaz de hacer esto” y “Yo voy a estar bien,” las cuales su hijo(a) puede repetirse a sí mismo(a) cuando sienta ansiedad. Las técnicas de relajación también ayudan, incluyendo la visualización (flotar sobre una nube o descansar en la playa, por ejemplo) y respirar profundamente (imaginando que los pulmones son globos y dejar que se desinflen lentamente).

La clave para resolver los miedos y las ansiedades es superarlas. Utilizando estas sugerencias, usted puede ayudar a que su hijo(a) lidie con las situaciones de la vida.

Fuente: almas.com.mx

¿Qué es una fobia?
Cuando las ansiedades y los miedos persisten, algunos problemas pueden surgir. Independientemente de cuánto un padre desee que su hijo(a) supere ciertos miedos, a veces lo contrario ocurre, y la causa de la ansiedad abarca más terreno y se hace más prevalerte. La ansiedad entonces se convierte en una fobia o un miedo que es extremo, severo y persistente.
Una fobia puede ser difícil de tolerar, tanto para los niños(as) como para las personas que los rodean, especialmente si los estímulos que producen la ansiedad (cualquier situación u objeto que la motive) sea difícil de evitar (e.g., las tormentas).
Las fobias “reales” son una de las principales causas por las que los niños(as) son referidos a los profesionales de la salud mental. Pero la buena noticia es que a menos que la fobia de un niño(a) impida su capacidad de funcionar diariamente, el niño(a) a veces no necesitará tratamiento con un profesional ya que con el tiempo la fobia desaparecerá.
Enfocándose en las ansiedades, los miedos y fobias de su hijo(a)
Intente contestar a las siguientes preguntas con honestidad:
¿Los miedos y el comportamiento que su hijo(a) demuestra son típicos de un niño(a) de su edad? Si la respuesta a esta pregunta es sí, es muy probable que los miedos de su hijo se resuelvan antes de que se conviertan en una causa para preocuparse. Esto no significa que la ansiedad debe ser ignorada u olvidada; en su lugar, debe ser considerada como un factor en el desarrollo normal de su hijo(a).
Muchos niños(as) experimentan miedos apropiados para su edad, como el miedo a la oscuridad. La mayoría de los niños(as), con el apoyo humano y quizás una lámpara nocturna, superaran este miedo. Sin embargo, si el problema continúa o si existe ansiedad frente a otros temas, la intervención puede que tenga que ser más intensiva.
¿Cuáles son los síntomas del miedo y cómo afectan al funcionamiento personal, social y académico de su hijo? Si los síntomas pueden ser identificados y considerados en base a las actividades diarias de su hijo(a), pueden hacerse ajustes para aliviar algunos de estos factores de tensión.
¿Parece el miedo poco razonable en relación a la realidad de las situaciones, y pudiera ser un signo de un problema más importante? Si el miedo de su hijo(a) parece estar fuera de proporción con lo que ocasiona su preocupación, esto puede ser una señal de que es necesaria la ayuda de un consejero, un psiquiatra o un psicólogo.
Es una buena idea que los padres busquen patrones de comportamiento. Si un incidente aislado se resuelve, los padres no deberían hacerlo más significativo de lo que fue. Sin embargo, si existe un patrón persistente o si surge uno que trascienda, usted debe intervenir. Si no lo hace, es posible que la fobia influya sobre su hijo más adelante.
Usted puede contactar con el doctor de su hijo(a) o con un profesional de la salud mental con la experiencia para trabajar con niños(as) y adolescentes.
Cómo ayudar a su hijo(a)
Los padres pueden ayudar a sus hijos(as) a desarrollar los elementos y la confianza en sí mismos para superar los miedos evitando que se conviertan en reacciones fóbicas. A continuación detallamos algunos consejos para que usted pueda ayudar a su hijo(a) con los miedos o ansiedades que pueda tener:
Reconozca que el miedo es real. Tan trivial como parezca, para su hijo(a) es real y está causando que sienta ansiedad y miedo. Ser capaz de hablar sobre el miedo ayuda – las palabras a veces le quitan el poder a los pensamientos negativos. Si usted habla acerca de ello, el miedo puede ser menos poderoso.
Nunca opine que el miedo es insignificante para forzar a su niño(a) a que lo supere. Decirle a su hijo(a), “¡No seas ridículo! ¡No hay monstruos en tu closet!” puede que haga que su hijo vuelva a la cama, pero no hará que el miedo desaparezca.
No se rinda ante los miedos. Si a su hijo no le gustan los perros, no cruce la calle a propósito para evitar encontrarse con un perro. Este comportamiento fortalecerá el pensamiento de que los perros deben evitarse. Brinde apoyo y demuestre protección a medida que se acerque con su hijo(a) al objeto o situación que genere temor.
Enseñe a su hijo(a) a cómo evaluar el miedo. Si su hijo(a) puede visualizar la intensidad del miedo en una escala del uno al 10, con el número 10 como el más fuerte, él o ella puede que “vean” al miedo con menos intensidad de lo que originalmente imaginaron. Los niños(as) más jóvenes pueden pensar en sentir miedo “hasta las rodillas” como algo no muy temido, “hasta el estómago” como algo más temido y “hasta la cabeza” como petrificado.
Enseñe a sus hijos(as) estrategias para hacer frente al miedo. Intente estas técnicas fáciles de implementar. Utilizándolo a usted como la “base” el niño(a) puede atreverse a acercarse al objeto temido y luego volver a acercarse a usted en busca de seguridad antes de volverse a cercar al objeto o situación temida. Los niños(as) también pueden aprender frases positivas sobre sí mismos(as) como por ejemplo “Yo soy capaz de hacer esto” y “Yo voy a estar bien,” las cuales su hijo(a) puede repetirse a sí mismo(a) cuando sienta ansiedad. Las técnicas de relajación también ayudan, incluyendo la visualización (flotar sobre una nube o descansar en la playa, por ejemplo) y respirar profundamente (imaginando que los pulmones son globos y dejar que se desinflen lentamente).
La clave para resolver los miedos y las ansiedades es superarlas. Utilizando estas sugerencias, usted puede ayudar a que su hijo(a) lidie con las situaciones de la vida.

Popularity: 4% [?]

El Poder de una Mirada

Autora: Rosario Alfaro Martínez

Cuando una persona logra mirarnos realmente, su mirada puede transformar nuestra vida, y sobre todo quitar de nosotros el sentimiento de soledad.

No se si han observado con detenimiento con qué personas nos relacionamos en nuestra vida. Por ejemplo, cuando vamos a un evento social y no conocemos a ninguno de los asistentes, empezamos a establecer contacto con algunas personas, pero no con todas. Generalmente nos acercamos a aquellos que nos observan, de hecho cuando alguien nos mira, no sólo que nos ve, sino que nos observa, logra llamar nuestra atención. Ya que una mirada tiene un gran poder, hay miradas “que matan”, miradas que nos provocan ternura, miradas lujuriosas por las que incluso nos sentimos desnudados, y hay miradas que logran traspasar nuestro corazón y hacernos sentir que estamos vivos.

De este último tipo de miradas es de las que hablaremos a continuación, de las que logran transformarnos, las que le dan sentido a nuestra existencia.

Estas miradas son de varios tipos. La primer mirada importante es la que tenemos nosotros mismos sobre nosotros. Cuando en la mañana observamos nuestro rostro en el espejo, que decimos: ¡Oh, que maravilloso soy!, o, ¡No por Dios, ya cambia estás terrible! ¿Cómo nos miramos a nosotros mismos? ¿cómo jueces?, rechazando y midiendo cada una de nuestras acciones, o quizá sobrevaluándonos, pensando que somos perfectos y no tenemos ningún error, lo mejor sería aceptarnos tal y como somos, ser auténticos, reconociendo tanto nuestros aciertos como nuestras limitaciones. Por eso es importante conocernos a nosotros mismos, es que la capacidad que tenemos de reflexionar, la ocupamos más seguido y que podamos con nuestros ojos físicos y con nuestros ojos espirituales mirarnos, pero hacerlo con amor y buscando la verdad.

De esta mirada hacia nuestro interior, tiene que salir también la visión que tenemos de los demás, es decir una segunda mirada. Dice un dicho que los ojos son el espejo del alma, así que muchas veces podremos mentirle a nuestros semejantes con nuestras palabras, pero no con nuestros ojos. ¿Cómo vemos a los demás? ¿qué pensamos de ellos? ¿los juzgamos? ¿cuánto realmente los conocemos? ¿bajo que lineamientos vemos a los demás?

A veces se nos olvida que lo que vemos en los demás, es en muchas ocasiones un reflejo de nosotros mismos, cuando alguien nos cae mal, por algún defecto en muchas ocasiones es porque este defecto también lo tenemos nosotros. El mandamiento de amar a los demás como a nosotros mismos, es muy importante, se puede decir que uno va de la mano del otro, amamos a los demás porque nos amamos a nosotros, porque cuando nos aceptamos a nosotros mismos, somos más capaces de aceptar a los otros, porque cuando nos amamos y nos conocemos podemos amar las mismas cualidades en los otros, en lugar de ver sólo nuestros defectos en los demás.

Nos volvemos mejores cuando amamos, cuando nos dejamos tocar por otros a través de su mirada, cuando salimos de nosotros mismos y vivimos un encuentro con otra persona. Sólo el amor realmente logra este profundo milagro e incluso nos hace sentir que pertenecemos a algo, que pertenecemos a alguien a quien libremente nos hemos donado. Es por eso que decimos que salimos de la soledad, porque descubrimos que así como hay algo más dentro de nuestra mirada, también podemos ver que hay algo más allá afuera.

Además esto nos hace tener contacto con nuestra dimensión trascendente, y podemos tener la certeza de que lo que somos va más allá del tiempo y del lugar que ocupamos ahora, porque necesitamos que esto que experimentamos, el ser humanos, no puede terminar, sino que debe de permanecer, pero para eso necesitamos tener una buena visión de nuestra vida. Saber que lo que miramos en nosotros y para nosotros es lo que podemos conquistar, si nuestra visión es lo suficientemente buena para construir relaciones con los demás, es decir si podemos mirar con ojos de amor y misericordia a los demás, podemos realmente dar miradas que transformen, miradas que puedan convertirnos y convertir a los demás en seres humanos plenamente reales, plenamente personas, plenamente vivos.

En la Biblia siempre me ha llamado la atención que el primer nombre que un ser humano le da a Dios es cuando Agar (la esclava de Sara con la que Abraham tuvo a Ismael), está en el desierto por que Abraham la corrió de su casa y tiene hambre y sed y Dios le habla y ella le responde: Tú eres el Dios que me ve, ese es el nombre que Agar le da a Dios, “el Dios que me ve”. Tal vez pensamos que Dios nos mira como un juez, que escribe incluso todos nuestros pecados, en una lista enorme, o que nos mira con desprecio, pero no es así, la mirada de Dios es la mirada más misericordiosa y cariñosa que pueda existir, si nos dejamos mirar por Dios si nos acercamos a Él y mejoramos nuestra relación con Él, podemos también vernos a nosotros mismos con sus ojos y ver a los demás como Dios los ve.

Deja que Su mirada transforme tu mirada y ojalá puedas devolver esa misma mirada a los demás, y ver a los otros a través de los ojos de Dios.

fuente: almas.com.mx

Popularity: 4% [?]

¿Somos homofóbicos los cristianos católicos?

Existe un adagio que reza así: Jesús fue misericordioso con el pecador, pero intransigente con el pecado.  De hecho, en la cita del Evangelio de Juan 8, 1-11, en el encuentro con la mujer adúltera, el Señor le manifiesta su amor, misericordia, perdón.  Él no la juzga y mucho menos la condena.  Ella no es el mal, pues esa mujer es amada por el Señor.  Sin embargo, la perícopa del texto termina así: “Incorporándose Jesús le dijo: « Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? » Ella respondió: « Nadie, Señor. » Jesús le dijo: « Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más” (Jn 8, 10-11).

Ahora bien, ¿de dónde viene ese “no peques más”?  ¿A qué pecado se refiere?  Evidentemente al de adulterio, el cual estaba claramente prohibido por el Decálogo: “No cometerás adulterio” (Ex 20, 14).  Jesús es todo amor y dulzura con la mujer, pero le exige corresponder a su amor renunciando al pecado de “adulterio”.  De tal manera que el amor no contradice la intransigencia contra el pecado, porque el pecado esclaviza al hombre y a la mujer.  Es precisamente por amor auténtico a los hombres, que el Señor exige el rompimiento con el mal.

El Señor es exigente con sus discípulos.  No les pide que intenten la perfección, sino que la alcancen: “Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mt 5, 48).  La perfección es lo que la Iglesia llama santidad.  Todos estamos llamados a la santidad, no a la mediocridad.  Es obvio que dicha perfección es un camino de toda la vida, en la cual debemos todos esforzarnos.  Todos tenemos debilidades pero estamos llamados a vencerlas.  Si caemos no es para quedarnos postrados, sino para levantarnos.

Ahora bien, el pecado se refiere a los actos contrarios a la naturaleza y dignidad de los seres humanos.  No es humano pecar, sino inhumano, porque contradice la naturaleza que Dios nos dio.  El pecado no nos hace más hombres sino menos hombres, pues nos esclaviza a nuestras pasiones y deseos desordenados.  Pero fijémonos, el pecado es el acto, no la tendencia.  El pecado no es “sentir” sino “consentir”.  Trataré de explicarme mejor.

Las tendencias pueden ser ordenadas o desordenadas.  Las tendencias ordenadas son aquellas que apuntan hacia la perfección del hombre, que están en armonía con su biología, su psicología y en vistas a su unión con Dios.  Las tendencias desordenadas, en cambio apuntan al desequilibrio, contradiciendo lo ordenado por la naturaleza y por Dios.  Dejarse llevar por las tendencias ordenadas lleva al hombre a la virtud, mientras que dejarse llevar por las tendencias desordenadas, llevan al ser humano al pecado.  Y todo pecado destruye, tarde o temprano al hombre.

Esta distinción es importante, porque las tendencias (aún las desordenadas) anteceden a los actos.  Todos los seres humanos, que nacimos con el pecado original, acarreamos a los largo de nuestras vidas tendencias ordenadas pero también desordenadas.  Mientras vamos creciendo en nuestro autoconocimiento, vamos palpando con mayor nitidez nuestras fortalezas (tendencias ordenadas) como nuestras debilidades (tendencias desordenadas).  Estas tendencias desordenadas a unos se les manifiesta en su carácter, en su tendencia a la vanidad, en un “amor” desordenado al dinero, en la misma orientación sexual.  Incluso los heterosexuales pueden manifestar tendencias desordenadas en su vida sexual, como la tendencia a lo pornográfico, la incontinencia sexual, etc.  Sin embargo, los hombres tenemos libertad, libre albedrío.  Nosotros decidimos lo que hacemos, no nuestras tendencias.  Por eso somos responsables de lo que hacemos, no de lo que sentimos.  Las tendencias nunca deben dominar al ser humano, sino su razón.  En virtud del libre albedrío, los hombres podemos trascender nuestras tendencias desordenadas, ordenándolas en los actos hacia un fin sobrenatural.

Un hombre que es irascible, por ejemplo, experimenta en su ser una tendencia desordenada.  Está llamado a dominar esa tendencia que le acompañará toda la vida, pero puede orientar su ímpetu hacia algo bueno y positivo.  Así lo hicieron grandes santos, como San Pablo o San Ignacio de Loyola, canalizando su pasión hacia el Reino.  El carácter y temperamento de estos hombres se dirigieron hacia un fin superior, porque tuvieron el coraje de subordinar su ímpetu hacia el Evangelio de Jesucristo.  Jesús ama al violento pero es intransigente con la violencia.

Un alcohólico anónimo, por poner otro ejemplo, reconoce que siempre tendrá la tendencia a beber desordenadamente.  Sin embargo en virtud de su libertad, es capaz de trascender esa tendencia desordenada y orientarla hacia una vida sobria.  Jesús ama al alcohólico, pero es intransigente con el alcoholismo.

Así, la tendencia homosexual, como atracción sexual hacia una persona del mismo sexo, no es pecado, pues antecede la decisión del individuo.  La tendencia homosexual, sin embargo, en cuanto tendencia lo es en sentido desordenado ¿por qué? porque está dirigida hacia un acto que es contrario a la finalidad de la sexualidad.  De hecho, la sexualidad está ordenada al amor conyugal del hombre y la mujer, en la complementariedad de los sexos.  Esto es evidente tomando en cuenta la simple constitución anatómica de los individuos (creo que no hay que ser más explícitos).  Por lo tanto el acto homosexual es contrario a la naturaleza misma del acto sexual.  Entre las personas homosexuales no hay complementariedad física ni están orientados hacia la generación de la vida.  El acto homosexual es contrario a la naturaleza humana, contrario a la Ley Natural, contrario a la Ley de Dios.  Y esto es verdad objetiva, no lo podemos negar ni cambiar en virtud de una “misericordia” mal entendida, basada en meros sentimientos al margen del dictamen de la razón.

Por lo tanto hay que distinguir entre el acto homosexual y el hombre o mujer con tendencia homosexual.  La Iglesia Católica enseña que: “Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas.  No eligen su condición homosexual; ésta contribuye para la mayoría una auténtica prueba” (Catic 2358).

Para que un acto sea pecado es necesario consentir el acto.  Las personas con tendencia homosexual no consintieron su tendencia, por lo tanto, no pecan por sentir esa atracción.  Pero el Catecismo continúa diciendo: “Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza.  Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta” (Catic 2358).

Por lo tanto, es contrario a la enseñanza auténtica de la Iglesia discriminar a las personas con tendencia homosexual, sino que, por al contrario, estamos llamados a amar a estos hombres y mujeres con amor misericordioso.  Ellos necesitan sentirse queridos y respetados por nosotros, pues llevan sobre sus hombros un gran peso.  Ante esto el catecismo continúa diciendo: “Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si  son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz  del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición” (Catic 2358).

Es decir: las personas con tendencia homosexual pueden ser santos.  No están condenados por su tendencia, sino al contrario, esa tendencia puede ser su pase al Cielo, si aprenden a no dejarse dominar por ella.  Una persona con tendencia homosexual no está obligada, no está condicionada ni determinada a realizar actos homosexuales.  No es un títere manejado por sus impulsos, sino un ser humano llamado a la perfección cristiana como cualquier hijo de Dios.  La persona con tendencia homosexual puede vivir una vida casta, recta y ordenada.  De hecho, esa es la exhortación que hace la Iglesia a esos hombres y mujeres: “Las personas homosexuales están llamadas a la castidad.  Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana” (Catic 2359).

Ahora bien, este número puede parecer duro para las personas homosexuales.  Pero si le quitamos al párrafo arriba citado la palabra “homosexuales” nos daremos cuesta que esa exigencia es para todos, veamos: “Las personas…están llamadas a la castidad.  Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana”.

Así pues, todos estamos llamados a la castidad, inclusive los casados los casados.  Pero ¿qué es la castidad?  “Castidad es la integración lograda de la sexualidad de la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual…la virtud de la castidad, por tanto, entraña la integridad de la persona y la totalidad del don” (Catic 2337).

“El hombre, de hecho, logra esta dignidad, cuando, liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del bien y se procura con eficacia y habilidad los medios adecuados” (Catic 2339).

“Las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal” (Catic 2349).  Esta última, exige de los esposos fidelidad.  Esa fidelidad no aniquila la tendencia sexual del cónyuge hacia otra persona, ya que por amor a su esposo (a) está llamado a no dejarse dominar por una tendencia natural que le llevaría a la infidelidad, ya la destrucción de su matrimonio y familia.  ¡Cuántos dramas familiares no conocemos por la falta de castidad de alguno de los cónyuges!  La castidad es vivir ordenadamente la sexualidad.

Así las cosas, queda claro que las personas homosexuales nunca son condenadas por la Iglesia.  La Iglesia, fiel a la enseñanza de la Sagrada Escritura enseña a amar a todos los hombres.  Pero siguiendo el ejemplo de Jesús, también es intransigente con el pecado.  Nunca se condena al pecador, pero sí se denuncia el pecado.  Y se condena al pecado por amor al hombre, quien está llamado a la perfección, a la santidad, a no ser esclavizado por ninguna tendencia.  Eso es la auténtica libertad.

El acto homosexual sí es pecaminoso.  La tendencia no en cuanto que ésta no se elige, en cambio el acto sí.  Sigue en pie lo que enseña el Apóstol pablo: “¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! vNi los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios.  Y tales fuisteis algunos de vosotros.  Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios” (1Cor 6, 9-11).

Sin embargo, no seamos ingenuos.  Pablo no se refiere a personas con tendencias, sino a los que practican la idolatría, el adulterio, la homosexualidad, etc.  De hecho, cuando afirma que algunos de los cristianos corintios habían practicado esos pecados, nos hace pensar que su tendencia permanecía, pero sus acciones cambiaron.  Pablo al ser consciente que esas tendencias aún existen, no duda en exhortar a la fidelidad al Evangelio.

Los hombres deciden lo que hacen, las tendencias no.  Uno decide si se deja dominar por una tendencia o crece en la auténtica libertad dominando y orientando las tendencias.  La Iglesia, como Jesucristo está llamada a ser misericordiosa con el homosexual, pero intransigente con la homosexualidad, que esclaviza a tantos hombres y mujeres llamados a la alegría plenamente cristiana.  Somos más de lo que sentimos, somos lo que decidimos.

Pbro.  Lic.  Luis Alfonso Rebolledo Alcocer

Popularity: 6% [?]