Hace unos días cruzó por mi camino un padre muy preocupado por la relación que tiene con sus dos hijas y un hijo en edades adolescentes y juveniles: – ya no sé cómo hacerle, no me hacen caso, creo que he perdido la autoridad, su mamá no me apoya en lo que digo, me siento muy mal por lo que está pasando en mi familia,- dijo el hombre consternado.
He aquí algunas consideraciones que los padres y madres debemos hacer para reflexionar y tomar muy en serio el ejercicio y santo deber de ejercer la autoridad en la familia. La autoridad es un servicio y para servir con autoridad es necesario tener un buen prestigio. La autoridad se mantiene y se recobra por el prestigio y ¿cómo se tiene prestigio con los hijos?
La respuesta es sencilla, en términos generales. El prestigio se tiene, sobre todo por el modo de ser, de comportarse, de convivir, de acompañar, de servir, ¡UY QUÉ CARÁCTER! Con mí papá no se puede hablar, o se enoja, o no te hace caso, o te quiere confesar, se mete en todo y al finar siempre me regaña. Nada más nos dice qué hacer pero él no hace nada, es bueno para hablar pero no para hacer…
¿Qué tan bueno es el prestigio que usted tiene como padre, como madre?
La reflexión es: ¿qué clase de prestigio tiene usted en la familia? ¿Qué clase de prestigio le hace usted a su cónyuge? Hemos de aprovechar cada momento de la vida familiar para ganar prestigio puesto que depende del prestigio que usted tenga con sus seres queridos para que se le reconozca la autoridad.
El gran servicio que los padres hacemos a los hijos con la autoridad se fundamenta en el prestigio que celosamente vamos construyendo, tejiendo finamente en todas las actividades familiares y que los hijos van reconociendo como valor. El papá visto como un hombre trabajador, nunca dice malas palabras, es muy comprensivo y exigente, siempre ha sido muy coherente en su actuar, hasta en las actividades más sencillas se gana prestigio, jugando, divirtiéndose, haciendo apostolado juntos, su seriedad en los asuntos familiares, las buenas relaciones con su cónyuge.
Si realmente deseamos cumplir con el servicio de la autoridad a los hijos, hemos de preocuparnos y ocuparnos por ganar prestigio; incorporando a nuestra vida mejores formas de ser, mejores conductas, mejores actitudes y poco a poco convertirnos en mejores padre, hombres y mujeres prestigiosos espirituales, morales, sociales; lo que somos hace que ellos nos obedezcan, reconozcan nuestra autoridad como un servicio en bien de su vida.
Debe subrayarse aquí el papel de mutua ayuda entre los cónyuges. Es doble: ayudarle al otro a ver sus aciertos y sus fallos en las diferentes características de autoridad-prestigio; aprovechar toda ocasión para fomentar el prestigio del otro cónyuge. Esta potenciación de la autoridad del otro se puede hacer destacando, con naturalidad, un detalle del buen modo de proceder, etc., en esas conversaciones privadas con cada hijo, que debieran ser frecuentes. De un modo sugerente: -“Te has fijado en …? Y, de inmediato pasar a otra cosa.
Trabajemos diariamente en ganar prestigio con nuestros hijos y será más fácil ejercer la autoridad.
Por Rodolfo G. Huerta
Popularity: 3% [?]

