Hablemos de Bioética…
Por Pbro. Lic. Alejandro de Jesús Álvarez Gallegos
Hoy se habla por todos los medios que el calentamiento global es un problema que afecta a todos los países en menor o mayor grado. Ciertamente han surgido numerosas iniciativas por parte de las naciones para aminorar este problema, pero aún no es suficiente.
Cada día son más los terremotos, tsunamis, temblores, huracanes, desastres naturales que afectan la vida de miles de personas. La pregunta que podemos hacernos es ¿Estamos educando a las nuevas generaciones a cuidar el medio ambiente? ¿Estamos fomentando una verdadera conciencia ecológica en los niños?
Me parece que en la educación básica ya se hacen algunos intentos pero aún falta que en las familias se geste esta conciencia ecológica.
Si un papá o una mamá tiran la basura por la calle mientras conduce esto no ayudará en lo más mínimo a la formación del niño. Por el contrario si una vez al mes papá y mamá deciden tener una “actividad recreativa ecológica” con sus hijos, como plantar un árbol, recoger desperdicios o basura en la casa, desyerbar la puerta de la casa, limpiar un pedazo de playa, etc. Si que animaran y se afianzará una cultura de la limpieza, de la higiene, de la naturaleza.
Pareciera que hoy a los niños ya no les llama la atención descubrir “lo verde” de lo natural, el olor a campo, o contemplar una lluvia que limpia y regenera. Están encerrados en sus aparatos, en sus distracciones que la tecnología ofrece y eso una incapacidad de desarrollar la contemplación.
A todos nos toca, familias, gobierno, Iglesia tomar cartas en el asunto y reflexionar seriamente sobre a donde estamos llevando este mundo en el que hoy nos toca vivir. Pidamos a Dios nuestro Padre y Creador que sepamos vivir como creaturas y no como amos absolutos de la tierra. Al fin y al cabo esta Casa llamada planeta Tierra es prestada.
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La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o simulados, fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico (Catecismo de la Iglesia Católica n. 2354).
