Jesucristo al tercer año de su vida pública y llegadas las fiestas de la Pascua y en el contexto de aquel ambiente de alta significación histórica-religiosa, instituye el Sacramento de su cuerpo y su sangre: la Eucaristía.
En la Cena de Pascua, Jesús quiso aclarar el sentido de su Pasión inminente. Jesús iba libremente a una muerte que salvaría al mundo. Cada vez que celebramos la Eucaristía, renovamos la alianza con Dios. Jesús está entre nosotros mientras recordamos su sacrificio: Él se hace nuestro pan espiritual y nos consagra al Padre para que participemos más y más en la obra de su salvación.
San Mateo nos narra el bellísimo pasaje de la Ultima Cena (Mt 26, 26-29): “Mientras comían, Jesús tomo pan y después de pronunciar la bendición lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Toman y coman; esto es mi cuerpo”. Después, tomando una copa de vino y dando gracias, se la dio diciendo: “Beban todos, porque ésta es mi sangre, la sangre de la Alianza que será derramada por los hombres, para que se les perdonen sus pecados. Y les digo que no volveré a beber de este producto de la uva hasta el día en que beba con ustedes vino nuevo en el Reino de mi Padre”.
La última cena de Jesús fue la primera del culto cristiano. En vez de las solemnes ceremonias del templo, el momento más importante de la Iglesia será una comida fraterna en que Jesús se hace pan de vida. No voy a beber más de este vino hasta que lo beba de nuevo. La Eucaristía no es solamente el recuerdo de la muerte de Jesús, sino que anuncia el día en que Cristo celebrará el Banquete del Reino con toda la humanidad reunida en él. Jesucristo vino no solamente para hablar sino también y mucho más, para difundir su Espíritu entre los creyentes. En adelante estará presente en forma especial y actuará con más eficacia en sus seguidores cuando estén reunidos para celebrar la Santa Cena, es decir la Eucaristía.
Además de los Evangelios, San Pablo reporta el relato en la primera carta a los Corintios (11, 23-25): “Yo Pablo, recibí del Señor lo que os he transmitido: Que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y después de dar gracias, lo partió y dijo: Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros; Asimismo tomó también el cáliz después de cenar diciendo: Este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre”.
La carta de San Pablo, marca tres elementos que serán importantes en la santa Misa:
-“Jesús tomó el pan y el vino”: presentación de las ofrendas.
-“Partió el pan”: la fracción del pan.
-“Lo dio a sus discípulos”: momento de la comunión.
El evangelista San Juan ha introducido en el relato de la Ultima Cena unas hermosas palabras de Jesús donde él expresa su gran cariño a los apóstoles y les recomienda que permanezcan unidos, que se amen como él los amó, que se sirvan unos a otros tal como él lo hizo al lavarles los pies antes de la cena.
Este mensaje y el hecho de que Jesús da a sus apóstoles el poder de repetir el milagro eucarístico, nos demuestra que la Eucaristía es un sacramento eminentemente de amor y cuya celebración exige amor y buena disposición con los demás; por eso se pide estar reconciliados con Dios y con los hermanos, es decir confesados.
Desde las primeras celebraciones de la Santa Misa se incluyó siempre un elemento importante, a semejanza de la instrucción judía en la Pascua, y a ejemplo de Jesús que dirige un mensaje a sus apóstoles antes de la cena: La Palabra de Dios.
Hoy en día la Santa Misa se divide en Liturgia de la Palabra (Lecturas y explicación) y Liturgia de la Eucaristía cuyo centro es el sacramento de la comunión. Ambas partes estructuran un acto único de tal modo que faltando una de ellas la celebración sufre menoscabo y sus efectos se empobrecen.
Ciertamente es de capital importancia la comunión. ¿Es correcto ir a una fiesta y no probar bocado? ¡Los anfitriones se ofenden! Pues del mismo modo ir a misa sin comulgar es reducir y condicionar los beneficios grandes que de ella se pueden obtener.
Por lo anterior debemos reflexionar en la importancia trascendental de participar en la Santa Misa y “Recibir el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo atreves del Sacramento de la Eucaristía”.
Por Abogado Herminio José Piña Valladares, M.A.
Presidente de la Asociación Católica de Abogados
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