El SACRAMENTO DE LA EUCARISTIA: CUERPO Y SANGRE DE JESUCRISTO

Jesucristo al tercer año de su vida pública y llegadas las fiestas de la Pascua y en el contexto de aquel ambiente de alta significación histórica-religiosa, instituye el Sacramento de su cuerpo y su sangre: la Eucaristía.

 

En la Cena de Pascua, Jesús quiso aclarar el sentido de su Pasión inminente.  Jesús iba libremente a una muerte que salvaría al mundo.  Cada vez que celebramos la Eucaristía, renovamos la alianza con Dios.  Jesús está entre nosotros mientras recordamos su  sacrificio: Él se hace nuestro pan espiritual y nos consagra al Padre para que participemos más y más en la obra de su salvación.

 

San Mateo nos narra el bellísimo pasaje de la Ultima Cena (Mt 26, 26-29): “Mientras comían, Jesús tomo pan y después de pronunciar la bendición lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Toman y coman; esto es mi cuerpo”. Después, tomando una copa de vino y dando gracias, se la dio diciendo: “Beban todos, porque ésta es mi sangre, la sangre de la Alianza que será derramada por los hombres, para que se les perdonen sus pecados.  Y les digo que no volveré a beber de este producto de la uva hasta el día en que beba con ustedes vino nuevo en el Reino de mi Padre”.

 

La última cena de Jesús fue la primera del culto cristiano.  En vez de las solemnes ceremonias del templo, el momento más importante de la Iglesia será una comida fraterna en que Jesús se hace pan de vida.  No voy a beber  más de este vino hasta que lo beba de nuevo.  La Eucaristía no es solamente el recuerdo de la muerte de Jesús, sino que anuncia el día en que Cristo celebrará el Banquete del Reino con toda la humanidad reunida en él.  Jesucristo vino no solamente para hablar sino también y mucho más, para difundir su Espíritu entre los creyentes.  En adelante estará presente en forma especial y actuará con más eficacia en sus seguidores cuando estén reunidos para celebrar la Santa Cena, es decir la Eucaristía.

 

Además de los Evangelios, San Pablo reporta el relato en la primera carta a los Corintios (11, 23-25): “Yo Pablo, recibí del Señor lo que os he transmitido: Que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y después de dar gracias, lo partió y dijo: Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros; Asimismo tomó también el cáliz después de cenar diciendo: Este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre”.

 

La carta de San Pablo, marca tres elementos que serán importantes en la santa Misa:

-“Jesús tomó el pan y el vino”: presentación de las ofrendas.

-“Partió el pan”: la fracción del pan.

-“Lo dio a sus discípulos”: momento de la comunión.

 

El evangelista San Juan ha introducido en el relato de la Ultima Cena unas hermosas palabras de Jesús donde él expresa su gran cariño a los apóstoles y les recomienda que permanezcan unidos, que se amen como él los amó, que se sirvan unos a otros tal como él lo hizo al lavarles los pies antes de la cena.

 

Este mensaje y el hecho de que Jesús da a sus apóstoles el poder de repetir el milagro eucarístico, nos demuestra que la Eucaristía es un sacramento eminentemente de amor y cuya celebración exige amor y buena disposición con los demás; por eso se pide estar reconciliados con Dios y con los hermanos, es decir confesados.

 

Desde las primeras celebraciones de la Santa Misa se incluyó siempre un elemento importante, a semejanza de la instrucción judía en la Pascua, y a ejemplo de Jesús que dirige un mensaje a sus apóstoles antes de la cena: La Palabra de Dios.

 

Hoy en día la Santa Misa se divide en Liturgia de la Palabra (Lecturas y explicación) y Liturgia de la Eucaristía cuyo centro es el sacramento de la comunión.  Ambas partes estructuran un acto único de tal modo que faltando una de ellas la celebración sufre menoscabo y sus efectos se empobrecen.

 

Ciertamente es de capital importancia la comunión.  ¿Es correcto ir a una fiesta y no probar bocado?  ¡Los anfitriones se ofenden!  Pues del mismo modo ir a misa sin comulgar es reducir y condicionar los beneficios grandes que de ella se pueden obtener.

 

Por lo anterior debemos reflexionar en la importancia trascendental de participar en la Santa Misa y “Recibir el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo atreves del Sacramento de la Eucaristía”.

Por Abogado Herminio José Piña Valladares, M.A.

Presidente de la Asociación Católica de Abogados 

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Solo para adolescentes

1. PENSAMIENTOS NEGATIVOS… Según el Doctor David Burns en su libro “El Manual de ejercicios de Sentirse Bien” hay 10 principales pensamientos negativos …IDENTIFÍCALOS TÚ MISMO

 Pensamiento de “TODO O NADA”. Tiendes a ver las cosas en términos de blanco o negro. Si en algo fallas o se te frustra una situación lo consideras un fracaso total.

Pensamiento de “SOBREGENERALIZACIÓN”. Consideras un acontecimiento negativo aislado, (desengaño sentimental o fracaso en el trabajo/ escuela /familia) como si siempre te ocurriera a ti.

Pensamiento de “PRECIPITARSE EN LAS CONCLUSIONES”. Interpretas las cosas de forma negativa cuando no existen hechos que avalen tu conclusión. Te basas en presagios (presentimientos), es decir, sin verificar (sin comprobar las cosas) concluyes que por ejemplo, que alguien te tiene mala onda. O también predices que las cosas saldrán mal sin antecedentes que te respalden.

Pensamiento de “RAZONAMIENTO EMOCIONAL”. Supones que tus emociones negativas reflejan, fielmente, el estado de tu realidad. Por ejemplo, me siento culpable por algo, por lo tanto debo de ser una mala persona, o me siento incompetente, en consecuencia, debo de ser un inútil.

 Pensamiento de “PERSONALIZACIÓN Y VERGÜENZA”. La personalización tiene lugar cuando asumes la responsabilidad de un hecho que NO está totalmente bajo tu control. La personalización genera sentimientos de culpa, vergüenza e incompetencia.

2. AUTOESTIMA… ¿QUE ONDA? Por todas las crisis que estás viviendo debido a la pubertad es normal que tu autoestima este un poco baja en algunos momentos, te darás cuenta que algunos de los rasgos de personas con baja autoestima podrán estar presentes en ti, sin embargo, aún no significa que sea un problema ya que son características de la etapa que estás viviendo. Las personas con problemas de autoestima suelen ser:

• Muy sensibles a la crítica.

 • Ante cualquier comentario de los demás suelen sentirse fácilmente atacadas.

• Están continuamente insatisfechas.

 • Hagan lo que hagan siempre piensan que lo podrían hacer mejor.

• Tienen una tendencia a exagerar sus fracasos.

• Suelen atribuir sus éxitos a causas externas, ajenas a ellos, mientras que los fracasos los atribuyen a sí mismos, culpabilizándose de que las cosas no salgan bien.

La baja autoestima también hace que se le dé una importancia exagerada a la opinión de los demás, llegando incluso ha valorarse en función de cómo uno cree que es apreciado y valorado por los demás. Esto nos puede llevar a tener dificultades para relacionarnos con la gente o lograr las metas que tienes en la vida. ¿Te has dado cuenta? Como te dije anteriormente puede ser que tengas algunos de los rasgos pero a medida que vayas madurando y desarrollando tu autoestima irán desapareciendo.

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ÉTICA Y POLÍTICA MEXICANA

En nuestro número pasado, tomando la reflexión de S. S. Benedicto XVI realizada durante su viaje apostólico y de estado al Reino Unido, analizamos algunos puntos importantes dedicados de manera especial a los políticos.  Bosquejamos los temas de Ética y política, así como de la religión y la política.  Continuemos con nuestra reflexión en esta segunda y última entrega acerca de la “Ética y la Política Mexicana”.

 

El ‘mito’ del laicismo mexicano.  Puesto que, en México, sobrevive una concepción fanática y enfermiza de ‘laicismo’, no de ‘laicidad’, heredada del siglo XIX, estas reflexiones serán seguramente rechazadas por indebida intromisión de la Iglesia y del clero en la política del estado.  Varios son los pensadores que, hoy en día, admiten que, atrás de este laicismo irracional y obsoleto, se encuentran grupos doloridos de jacobinos extemporáneos y masones trasnochados que, propugnando un laicismo fanático, lo que buscan es la conservación de un ‘feudo’ exclusivo de opinión.  Por eso, maniobran, con insultos verbales y falacias legales, para silenciar a los católicos.

 

Vivimos en un país, mayoritariamente católico, que ha logrado su independencia gracias a la participación de ilustres religiosos y a la poderosa motivación guadalupana.  Sin embargo, es el país que más intenta relegar a la religión en el ámbito privado y que más reprime a los clérigos y laicos católicos, cuando piden expresar libremente sus opiniones.  Su Santidad, en el discurso al Parlamento del Reino Unido, denuncia las injusticias que se cometen en contra del Cristianismo y defiende el derecho a la libertad religiosa con las siguientes palabras: “No puedo menos que manifestar mi preocupación por la creciente marginación de la religión, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia”. No queda ninguna duda que, entre las naciones que otorgan un gran ‘énfasis’ a la tolerancia sin practicarla, se encuentra también México.  La cosa es que, aquí, no tiene significancia la correspondencia entre lo que se declara y la realidad; entre los discursos oficiales y la cotidiana práctica política.  Es, inclusive muy reciente, el intento descarado, por parte de conocidos hombres de la política, de ‘silenciar’, con el poder del estado, la voz de la religión relegándola a la esfera meramente privada. Somos testigos de un ejercicio ‘surrealista’ de la política, “donde hay quienes sostienen que, a los cristianos que desempeñan un papel público –son palabras de su Santidad- se les debería pedir que actuaran contra su conciencia”.  Se trata de ‘signos preocupantes’ de un fracaso en el aprecio de los derechos de los creyentes a la libertad de conciencia y religiosa.  Libertades cuya implementación no debería depender de la voluntad de un estado.  En efecto, son derechos naturales, cuya existencia es anterior al estado, y que deberían ser tutelados por el estado mismo.

 

Conclusión.  La transición hacia un México moderno, justo, ordenado, pacífico y respetuoso de las auténticas libertades, permanecerá utópica, por cierto, mientras permanezcan los prejuicios históricos, las actitudes arrogantes y las ideologías de moda: factores que frustran las legítimas aspiraciones de los mexicanos; que merman los sanos deseos de participación ciudadana y que condenan al país a permanecer anclado en los mitos del pasado. Si los principios éticos, que fundamentan la vida civil y que sostienen el proceso democrático, no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social frecuentemente manipulado, entonces, bien difícilmente consolidarán nuestra democracia.

 

En fin, no es posible que los gobiernos ignoren la dimensión ética de las leyes que promulgan y no prevean sus alcances a largo plazo.  Los gobiernos deberían aceptar que, cuando los pastores de la Iglesia proponen, en el debate social, su sabiduría moral, lo único que pretenden no es la conquista del poder o el reparto del botín, sino ayudar a purificar la inteligencia de toda ideología e iluminarla para discernir las leyes justas, o sea, aquellas que contribuyen, de verdad, al bien común.  No a su destrucción.

Por PADRE MARSICH, MX.

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EL VALOR DE LA FAMILIA Y EL MATRIMONIO



Ante los acontecimientos que se están desarrollando en nuestro país, hoy como esposos con treinta años de matrimonio, podemos expresar que vale la pena vivir, vale la pena vivir en un país como México, por eso hoy nos dirigimos a las madres y padres de familia, a los profesionistas, a las mujeres y hombres trabajadores ,a los niños, a los adolescentes y jóvenes, a las personas de la tercera edad, a los estudiantes, a los empresarios, a los líderes sociales, a los dirigentes de cámaras empresariales, a los responsables de organizaciones Civiles y asociaciones religiosas y les decimos con entusiasmo: Vale la pena vivir, aun con los problemas y dificultades, con los días nublados y obscuros por las adversidades, pero si analizamos todos los años de nuestras vidas nos daremos cuentas que también  hemos tenidos días soleados, en los cuales hemos descubierto el arco iris en el firmamento, pero también en nuestros corazones  y en nuestro espíritu.

 

Vale la pena vivir, aun con los problemas, aun con los acontecimientos negativos, pero también reflexionemos que la mujer y el hombre tienen un corazón muy grande, una mente prodigiosa  para seguir adelante y un espíritu para vencer las dificultades, algunos con ayuda de nuestro prójimo,  de nuestros hermanos o de algún miembro de nuestra familia.  

 

Hoy podemos afirmar que nosotros como matrimonio tenemos una gran familia, una familia compuesta por cuatro hijos y una simpática nieta, que es un angelito de siete meses, lleno de  sonrisas y alegrías.  Podemos afirmar que vale la pena vivir en familia y más aun podemos dar testimonio que tiene vigencia el matrimonio, con sus dificultades de cada día, pero también con las alegrías, y el acompañamiento de los esposos y la solidaridad de los hermanos. 

Hace más de una año, fue aprobado por el Congreso del Estado de Yucatán y Publicado en Diario Oficial, las reformas al artículo 94 de la Constitución de Yucatán, en el cual se le reconocía al matrimonio como una Institución y no como un simple contrato de voluntades.

 

Por la transcendencia jurídica y para la difusión y conocimiento del artículo 94 Constitucional, lo  transcribimos  textualmente: “La Familia es una institución social permanente a la que se reconoce como el fundamento primordial de la sociedad sobre la cual evoluciona el estado.  Es una institución integrada por dos o más personas unidas o emparentadas entre sí por afinidad, por consanguineidad o por adopción, que como comunidad afectiva y de convivencia, potencia el libre desarrollo de todos sus miembros.  El matrimonio es una institución por medio del cual se establece la unión jurídica de un hombre y una mujer, con igualdad de derechos deberes y obligaciones, con la posibilidad de generar la reproducción humana de manera libre, responsable e informada.  El estado reconoce que es de vital interés para la sociedad que en la unión de hombre y mujer para la procreación, se establezcan límites en cuanto a la edad y salud física y psíquica.  El concubinato es la unión de un hombre y una mujer, quienes libres de matrimonio viven como esposos y pueden generar una familia, en los términos que fije la ley.  El estado y la ley protegerán la organización y el desarrollo de la familia, así como el respeto a su dignidad e intimidad. Asimismo regularán el matrimonio, las causas de separación, disolución y sus efectos, así como las condiciones para la constitución del concubinato”.  

Pero no en todos los estados de la República Mexicana se tienen las mismas reformas constitucionales que protegen a la familia y al matrimonio, lamentablemente en el Distrito Federal se aprobaron reformas a la Legislación Civil en las que las  parejas del mismo sexo pueden adoptar a menores edades.  Con estas reformas  legales, se atenta a los derechos de las niñas y niños, en virtud de que Instrumentos Internacionales suscritos por el Estado Mexicano, determinan que uno de los derechos primordiales de los menores es desarrollarse en el seno de una familia, por lo que debemos de atender a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 16) y a la Convención Americana de los Derechos Humanos (artículo 17).

 

Ante esas reformas jurídicas, que entraron en vigor en Distrito Federal, podemos afirmar, que el lugar en donde una niña o niño, pueden crecer, desarrollarse y formarse en los valores humanos es en la familia y en el matrimonio constituido por una mujer y un hombre y no por parejas del mismo sexo. 

Tenemos que recordar y afirmar, que los menores de edad, tienen derechos, y un derecho inalienable e innato del infante es el derecho a tener una familia, el derecho a un hogar, el derecho a la educación.  Porque las niñas y niños, nos son juguetes u objetos para que los adultos alcancen  una felicidad egoísta a costa de los menores.  Los infantes nacieron para ser felices.  La adopción es un derecho de los niños y niñas, no es un derecho de los adultos  para que  se realicen como seres humanos. 

A los infantes el estado mexicano debe otorgarle todo los beneficios y velar por sus derechos, para que en el futuro sean mujeres u hombres de bien,  con todas sus capacidades y en donde en la familia reine los valores humanos: la comprensión, el respeto, el amor,  equidad, solidaridad, ayuda mutua y el  bien común.

 

Ante todos esos acontecimientos que se están sucediendo en el Distrito Federal, debemos alzar la voz, y expresar que existen miles de familias que se esfuerzan por educar a sus hijos, así como madres solteras que trabajan muchas horas al día para sacar adelante a sus  hijos. 

Hoy día, no debemos decepcionarnos y bajar la guardia, por el  contrario, debemos tener la mirada en el cielo y los pies bien puestos en la tierra, para que las familias y los matrimonios podamos dar testimonio que tienen vigencias esas Instituciones y sobre todo apoyemos  a las  familias a ser mejores, para superar los obstáculos que se presentan cada día.

 

Queremos terminar con una reflexión: “Lo que hagamos por una persona es importante, pero lo que hagamos por una familia es trascendental, porque si la familia está bien, estará bien nuestra sociedad y nuestro país”. 

Por Yolanda Uicab Garrido de Piña y

Abog. Herminio José Piña Valladares

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EL NOMBRE SOBRE TODO NOMBRE

Recordando el Santísimo Nombre de Jesús, 3 de enero 

Las formas en que el ser humano ha entendido y nombrado a Dios en el devenir de la Historia son innumerables.  Las divinidades dentro de cualquier cultura o civilización no han sido sino un entendimiento mínimo que el hombre ha percibido de las potencias de Dios que es único y que crea, ordena, sana y reconcilia.  Afirmar que el hombre tiene inscrito en su corazón la existencia de Dios y que le busca incesantemente desde la cuna hasta la tumba, es verdad.

Mientras las grandes civilizaciones del mundo antiguo adoraban a Dios según su creativo y libre entender y buscaban su rostro, el pueblo judío se iba formando en el conocimiento inequívoco del Dios único y verdadero, así lo demuestra la Historia universal y la sagrada.  La Escritura tiene un momento sublime con Dios que se revela en el pasaje de la zarza ardiente.  Moisés, el pastor curioso pero valiente, que se acerca a ver la zarza que arde sin consumirse se anima a preguntar quién es el Autor de tal prodigio y la respuesta que recibe es maravillosa: Yah-veh, Yo Soy.  Éste y no otro Dios es el Ser y esto lo incluye todo y lo abarca todo.

Lo que sigue es igualmente asombroso en la Historia de la Salvación porque Yo Soy, se manifestará continua y misericordiosamente a favor del Pueblo que ha querido formar para traernos Su presencia física y redimir así a toda la tierra.  La razón de ser del pueblo Judío es ser la estirpe que recibirá la misma presencia de Dios en carne humana, cercano, visible y accesible y por eso el Profeta Isaías identifica a esa persona divina con el nombre de Emmanuel, Dios-con-nosotros.

No importaría cuán poderoso y amoroso es Yah-véh si fuera un Dios distante y ajeno a sus creaturas. Por eso cuando nace el Niño prometido, hasta entonces llamado Emmanuel, la tierra es completamente bendecida porque lo infinito se reconcilia con lo finito; Dios cumple lo prometido y viene a salvar a todo hombre: la Virgen concibe sin intervención humana, Ella se desposa con un varón justo y el Niño nacido recibe el nombre hebreo de Yeshua, que significa El Salvador.

Yeshua se castellaniza como Jesús y el Santísimo Nombre de Jesús es invocado por los fieles desde los comienzos de la vida de la Iglesia.  El nombre de Jesús comenzó a ser ampliamente venerado en las celebraciones litúrgicas en el siglo XIV.  La fiesta litúrgica fue introducida en el siglo XVI cuando en 1530 el Papa Clemente VII concedió por vez primera a la Orden Franciscana la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús.

San Bernardino de Siena y sus discípulos propagaron el culto al Nombre de Jesús: “Yahvéh es salvación”, luego con el monograma del Santo Nombre: IHS (abreviación de Jesús Hijo de Dios, Salvador) y que la Iglesia relaciona estrechamente con la Sagrada Eucaristía.  Con la reforma litúrgica postconciliar la fiesta del Nombre de Jesús se removió del calendario y entró en el marco de las devociones particulares.

Jesús no es un nombre de poder, menos un nombre de venganza, sino de salvación y perdón.  El nombre de Jesús es fundamento de la fe católica, mediante el cual somos constituidos hijos de Dios.  Nombre glorioso, nombre sobre todo nombre que nos hace doblar la rodilla no por temor, sino como acto sencillo de amor (Flp. 2, 10).

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EL VALOR DE LOS DOCUMENTOS MAGISTERIALES

Vemos frecuentemente en las noticias ya tocando el final de la primera década de este siglo XXI como los gobernantes de los países del mundo asisten a las llamadas “CUMBRES” cuyo objetivo ha de ser resolver los graves problemas que nos agobian; largas exposiciones, conferencias, discursos con el tema en cuestión, firmas de tratados y compromisos y la clásica foto en primera plana en los medios de todo el orbe, sin embargo poco se sabe de los resultados acerca de lo tratado, y a los que beneficien o perjudiquen sus consecuencias no se les toma en cuenta, solo queda para la historia la foto… y los enormes costos del evento.

 

Uno de los grandes frutos del concilio Vaticano II  son las ya 21 Asambleas del Sínodo de Obispos tanto de la Iglesia Universal como los continentales que son las grandes “cumbres pastorales” que, sin intento de comparación con las ya citadas de tinte político, ecológico, económico, o cultural tienen también grandes objetivos y llevan un interesante proceso de preparación desde su convocatoria con el tema a tratar con la elaboración de “lineamientos” para que las Diócesis conozcan y participen en la formulación del “instrumento de trabajo”, así sucesivamente los LINEAMENTA e INSTRUMENTUM LABORIS preparan la  Asamblea Sinodal que elaborará valiosa catequesis en la que a su conclusión y en el tiempo que el Santo Padre lo determine proveerá a la Iglesia Universal con su “Exhortacion Apostolica  Post Sinodal”.

 

Así tenemos extraordinarios documentos como “Evangelii nuntiandi” (1975), “Catechesi Tradendae” (1979),”Christi fideles Laici (1988) en las que Pablo VI  y Juan Pablo II nos legaron con los obispos de esas reuniones las enseñanzas magisteriales sobre la Evangelizacion,la Catequesis,y la misión de los Laicos respectivamente.

 

La culminación del 2010 nos regala la Exhortacion “Verbum domini” de Benedicto XVI  sobre la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia, fruto del Sínodo de 2008,la misma palabra SINODO que significa “caminar juntos” nos invita con el estudio y difusión de este documento a los laicos a entender el sentido pastoral más que doctrinal de estas reflexiones, así como a utilizar el ejercicio de la Lectio Divina para nuestra oración personal y comunitaria, y a nuestros pastores se les motiva a elevar el nivel catequético de sus homilías con el debido uso de la Biblia, de modo que juntos como Iglesia busquemos aterrizar en la Pastoral el contenido de éstos y otros documentos para que seamos signo y ejemplo de que hay que pasar de la teoría a la práctica y de los discursos a la autentica vida que nos haga conforme al plan diocesano entrar en la dinámica del PROCESO EVANGELIZADOR.

 

Los integrantes de la  Academia San Juan Diego para el estudio de los documentos del Magisterio de la Iglesia en Yucatán les deseamos a todos FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO.   Comentarios a  www.academiasanjuandiego.org

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Aprender a Vivir (156)

Hace unos días cruzó por mi camino un padre muy preocupado por la relación que tiene con sus dos hijas y un hijo en edades adolescentes y juveniles: – ya no sé cómo hacerle, no me hacen caso, creo que he perdido la autoridad, su mamá no me apoya en lo que digo, me siento muy mal por lo que está pasando en mi familia,- dijo el hombre consternado.

He aquí algunas consideraciones que los padres y madres debemos hacer  para reflexionar y tomar muy en serio el ejercicio y santo deber de ejercer la autoridad en la familia.  La autoridad es un servicio y para servir con autoridad es necesario tener un buen prestigio.  La autoridad se mantiene y se recobra por el prestigio y ¿cómo se tiene prestigio con los hijos?

La respuesta es sencilla, en términos generales.  El prestigio se tiene, sobre todo por el modo de ser, de comportarse, de convivir, de acompañar, de servir, ¡UY QUÉ CARÁCTER!  Con  mí papá no se puede hablar, o se enoja, o no te hace caso, o te quiere confesar, se mete en todo y al finar siempre me regaña.  Nada más nos dice qué hacer pero él no hace nada, es bueno para hablar pero no para hacer…

¿Qué tan  bueno es el prestigio que usted tiene como padre, como madre?

La reflexión es: ¿qué clase de prestigio tiene usted en la familia?  ¿Qué clase de prestigio le hace usted a su cónyuge?  Hemos de aprovechar cada momento de la vida familiar para ganar prestigio puesto que depende del prestigio que usted tenga con sus seres queridos para que se le reconozca la autoridad.

El gran servicio que los padres hacemos a los hijos con la autoridad se fundamenta en el prestigio que celosamente vamos construyendo, tejiendo  finamente en todas las actividades familiares y que los hijos van reconociendo como valor.  El papá visto como un hombre trabajador, nunca dice malas palabras, es muy comprensivo y exigente, siempre ha sido muy coherente en su actuar, hasta en las actividades más sencillas se gana prestigio, jugando, divirtiéndose, haciendo apostolado juntos, su seriedad en los asuntos familiares, las buenas relaciones con su cónyuge.

Si realmente deseamos cumplir con el servicio de la autoridad a los hijos, hemos de preocuparnos y ocuparnos por ganar prestigio; incorporando a nuestra vida mejores formas de ser, mejores conductas, mejores actitudes y poco a poco convertirnos en mejores padre, hombres y mujeres  prestigiosos espirituales, morales, sociales; lo que somos hace que ellos nos obedezcan, reconozcan nuestra autoridad como un servicio en bien de su vida.

Debe subrayarse aquí el papel de mutua ayuda entre los cónyuges.  Es doble: ayudarle al otro a ver sus aciertos y sus fallos en las diferentes características de autoridad-prestigio; aprovechar toda ocasión para fomentar el prestigio del otro cónyuge.  Esta potenciación de la autoridad del otro se puede hacer destacando, con naturalidad, un detalle del buen modo de proceder, etc., en esas conversaciones privadas con cada hijo, que debieran ser frecuentes.  De un modo sugerente: -“Te has fijado en …?  Y, de inmediato pasar a otra cosa.

Trabajemos diariamente en ganar prestigio con nuestros hijos y será más fácil ejercer la autoridad.

Por Rodolfo G. Huerta

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¿Somos homofóbicos los cristianos católicos?

Existe un adagio que reza así: Jesús fue misericordioso con el pecador, pero intransigente con el pecado.  De hecho, en la cita del Evangelio de Juan 8, 1-11, en el encuentro con la mujer adúltera, el Señor le manifiesta su amor, misericordia, perdón.  Él no la juzga y mucho menos la condena.  Ella no es el mal, pues esa mujer es amada por el Señor.  Sin embargo, la perícopa del texto termina así: “Incorporándose Jesús le dijo: « Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? » Ella respondió: « Nadie, Señor. » Jesús le dijo: « Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más” (Jn 8, 10-11).

Ahora bien, ¿de dónde viene ese “no peques más”?  ¿A qué pecado se refiere?  Evidentemente al de adulterio, el cual estaba claramente prohibido por el Decálogo: “No cometerás adulterio” (Ex 20, 14).  Jesús es todo amor y dulzura con la mujer, pero le exige corresponder a su amor renunciando al pecado de “adulterio”.  De tal manera que el amor no contradice la intransigencia contra el pecado, porque el pecado esclaviza al hombre y a la mujer.  Es precisamente por amor auténtico a los hombres, que el Señor exige el rompimiento con el mal.

El Señor es exigente con sus discípulos.  No les pide que intenten la perfección, sino que la alcancen: “Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mt 5, 48).  La perfección es lo que la Iglesia llama santidad.  Todos estamos llamados a la santidad, no a la mediocridad.  Es obvio que dicha perfección es un camino de toda la vida, en la cual debemos todos esforzarnos.  Todos tenemos debilidades pero estamos llamados a vencerlas.  Si caemos no es para quedarnos postrados, sino para levantarnos.

Ahora bien, el pecado se refiere a los actos contrarios a la naturaleza y dignidad de los seres humanos.  No es humano pecar, sino inhumano, porque contradice la naturaleza que Dios nos dio.  El pecado no nos hace más hombres sino menos hombres, pues nos esclaviza a nuestras pasiones y deseos desordenados.  Pero fijémonos, el pecado es el acto, no la tendencia.  El pecado no es “sentir” sino “consentir”.  Trataré de explicarme mejor.

Las tendencias pueden ser ordenadas o desordenadas.  Las tendencias ordenadas son aquellas que apuntan hacia la perfección del hombre, que están en armonía con su biología, su psicología y en vistas a su unión con Dios.  Las tendencias desordenadas, en cambio apuntan al desequilibrio, contradiciendo lo ordenado por la naturaleza y por Dios.  Dejarse llevar por las tendencias ordenadas lleva al hombre a la virtud, mientras que dejarse llevar por las tendencias desordenadas, llevan al ser humano al pecado.  Y todo pecado destruye, tarde o temprano al hombre.

Esta distinción es importante, porque las tendencias (aún las desordenadas) anteceden a los actos.  Todos los seres humanos, que nacimos con el pecado original, acarreamos a los largo de nuestras vidas tendencias ordenadas pero también desordenadas.  Mientras vamos creciendo en nuestro autoconocimiento, vamos palpando con mayor nitidez nuestras fortalezas (tendencias ordenadas) como nuestras debilidades (tendencias desordenadas).  Estas tendencias desordenadas a unos se les manifiesta en su carácter, en su tendencia a la vanidad, en un “amor” desordenado al dinero, en la misma orientación sexual.  Incluso los heterosexuales pueden manifestar tendencias desordenadas en su vida sexual, como la tendencia a lo pornográfico, la incontinencia sexual, etc.  Sin embargo, los hombres tenemos libertad, libre albedrío.  Nosotros decidimos lo que hacemos, no nuestras tendencias.  Por eso somos responsables de lo que hacemos, no de lo que sentimos.  Las tendencias nunca deben dominar al ser humano, sino su razón.  En virtud del libre albedrío, los hombres podemos trascender nuestras tendencias desordenadas, ordenándolas en los actos hacia un fin sobrenatural.

Un hombre que es irascible, por ejemplo, experimenta en su ser una tendencia desordenada.  Está llamado a dominar esa tendencia que le acompañará toda la vida, pero puede orientar su ímpetu hacia algo bueno y positivo.  Así lo hicieron grandes santos, como San Pablo o San Ignacio de Loyola, canalizando su pasión hacia el Reino.  El carácter y temperamento de estos hombres se dirigieron hacia un fin superior, porque tuvieron el coraje de subordinar su ímpetu hacia el Evangelio de Jesucristo.  Jesús ama al violento pero es intransigente con la violencia.

Un alcohólico anónimo, por poner otro ejemplo, reconoce que siempre tendrá la tendencia a beber desordenadamente.  Sin embargo en virtud de su libertad, es capaz de trascender esa tendencia desordenada y orientarla hacia una vida sobria.  Jesús ama al alcohólico, pero es intransigente con el alcoholismo.

Así, la tendencia homosexual, como atracción sexual hacia una persona del mismo sexo, no es pecado, pues antecede la decisión del individuo.  La tendencia homosexual, sin embargo, en cuanto tendencia lo es en sentido desordenado ¿por qué? porque está dirigida hacia un acto que es contrario a la finalidad de la sexualidad.  De hecho, la sexualidad está ordenada al amor conyugal del hombre y la mujer, en la complementariedad de los sexos.  Esto es evidente tomando en cuenta la simple constitución anatómica de los individuos (creo que no hay que ser más explícitos).  Por lo tanto el acto homosexual es contrario a la naturaleza misma del acto sexual.  Entre las personas homosexuales no hay complementariedad física ni están orientados hacia la generación de la vida.  El acto homosexual es contrario a la naturaleza humana, contrario a la Ley Natural, contrario a la Ley de Dios.  Y esto es verdad objetiva, no lo podemos negar ni cambiar en virtud de una “misericordia” mal entendida, basada en meros sentimientos al margen del dictamen de la razón.

Por lo tanto hay que distinguir entre el acto homosexual y el hombre o mujer con tendencia homosexual.  La Iglesia Católica enseña que: “Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas.  No eligen su condición homosexual; ésta contribuye para la mayoría una auténtica prueba” (Catic 2358).

Para que un acto sea pecado es necesario consentir el acto.  Las personas con tendencia homosexual no consintieron su tendencia, por lo tanto, no pecan por sentir esa atracción.  Pero el Catecismo continúa diciendo: “Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza.  Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta” (Catic 2358).

Por lo tanto, es contrario a la enseñanza auténtica de la Iglesia discriminar a las personas con tendencia homosexual, sino que, por al contrario, estamos llamados a amar a estos hombres y mujeres con amor misericordioso.  Ellos necesitan sentirse queridos y respetados por nosotros, pues llevan sobre sus hombros un gran peso.  Ante esto el catecismo continúa diciendo: “Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si  son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz  del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición” (Catic 2358).

Es decir: las personas con tendencia homosexual pueden ser santos.  No están condenados por su tendencia, sino al contrario, esa tendencia puede ser su pase al Cielo, si aprenden a no dejarse dominar por ella.  Una persona con tendencia homosexual no está obligada, no está condicionada ni determinada a realizar actos homosexuales.  No es un títere manejado por sus impulsos, sino un ser humano llamado a la perfección cristiana como cualquier hijo de Dios.  La persona con tendencia homosexual puede vivir una vida casta, recta y ordenada.  De hecho, esa es la exhortación que hace la Iglesia a esos hombres y mujeres: “Las personas homosexuales están llamadas a la castidad.  Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana” (Catic 2359).

Ahora bien, este número puede parecer duro para las personas homosexuales.  Pero si le quitamos al párrafo arriba citado la palabra “homosexuales” nos daremos cuesta que esa exigencia es para todos, veamos: “Las personas…están llamadas a la castidad.  Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana”.

Así pues, todos estamos llamados a la castidad, inclusive los casados los casados.  Pero ¿qué es la castidad?  “Castidad es la integración lograda de la sexualidad de la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual…la virtud de la castidad, por tanto, entraña la integridad de la persona y la totalidad del don” (Catic 2337).

“El hombre, de hecho, logra esta dignidad, cuando, liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del bien y se procura con eficacia y habilidad los medios adecuados” (Catic 2339).

“Las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal” (Catic 2349).  Esta última, exige de los esposos fidelidad.  Esa fidelidad no aniquila la tendencia sexual del cónyuge hacia otra persona, ya que por amor a su esposo (a) está llamado a no dejarse dominar por una tendencia natural que le llevaría a la infidelidad, ya la destrucción de su matrimonio y familia.  ¡Cuántos dramas familiares no conocemos por la falta de castidad de alguno de los cónyuges!  La castidad es vivir ordenadamente la sexualidad.

Así las cosas, queda claro que las personas homosexuales nunca son condenadas por la Iglesia.  La Iglesia, fiel a la enseñanza de la Sagrada Escritura enseña a amar a todos los hombres.  Pero siguiendo el ejemplo de Jesús, también es intransigente con el pecado.  Nunca se condena al pecador, pero sí se denuncia el pecado.  Y se condena al pecado por amor al hombre, quien está llamado a la perfección, a la santidad, a no ser esclavizado por ninguna tendencia.  Eso es la auténtica libertad.

El acto homosexual sí es pecaminoso.  La tendencia no en cuanto que ésta no se elige, en cambio el acto sí.  Sigue en pie lo que enseña el Apóstol pablo: “¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! vNi los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios.  Y tales fuisteis algunos de vosotros.  Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios” (1Cor 6, 9-11).

Sin embargo, no seamos ingenuos.  Pablo no se refiere a personas con tendencias, sino a los que practican la idolatría, el adulterio, la homosexualidad, etc.  De hecho, cuando afirma que algunos de los cristianos corintios habían practicado esos pecados, nos hace pensar que su tendencia permanecía, pero sus acciones cambiaron.  Pablo al ser consciente que esas tendencias aún existen, no duda en exhortar a la fidelidad al Evangelio.

Los hombres deciden lo que hacen, las tendencias no.  Uno decide si se deja dominar por una tendencia o crece en la auténtica libertad dominando y orientando las tendencias.  La Iglesia, como Jesucristo está llamada a ser misericordiosa con el homosexual, pero intransigente con la homosexualidad, que esclaviza a tantos hombres y mujeres llamados a la alegría plenamente cristiana.  Somos más de lo que sentimos, somos lo que decidimos.

Pbro.  Lic.  Luis Alfonso Rebolledo Alcocer

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La Confirmación: Don del Espíritu Santo

El Sacramento de la Confirmación, ¿para qué sirve?, me preguntaron hace unos días un grupo de personas, ¿no basta con el Sacramento del Bautismo?, y otras mencionaron que hace algunos años al niño se le bautizaba recién nacido y a las siguientes semanas se le Confirmaba, ahora se sugiere que cuando sea adolescente o joven se le confiera este sacramento, ¿pero que es el Sacramento de la Confirmación?, ante todas esa interrogantes, podemos mencionar: que desde las primeras páginas de la Biblia se habla del Espíritu de Dios, como punto de origen de la creación.  Y a lo largo de toda la sagrada Escritura  se hará alusión constante a ese espíritu presente en el pueblo elegido.

 Llega el momento en que Dios promete ese Espíritu a las personas concretas, profetas, reyes y luego lo promete a todo el pueblo y por último en una apertura universal promete derramarlo a todo ser humano.

 En Israel, hubo gente carismática que poseía el Espíritu de Dios: Moisés, Elías, los profetas y otras destacadas personalidades; sin embargo la plenitud de ese Don se reserva para el rey mesiánico: Jesucristo.

 Jesús antes de comenzar su vida pública se aplica a él mismo el oráculo de Isaías y efectivamente le va dando cumplimiento: curando ciegos, paralíticos, leprosos y enseñando al pueblo la verdad de Dios.  El mismo Jesús, reiterando la promesa de Dios, afirma que ese mismo Espíritu sería transmitido a cuantos creyeran en él y en primer lugar a sus apóstoles.  Así, en la mañana de Pentecostés, 50 días  después de la Pascua, los apóstoles con María la madre de Jesús se hallaban encerrados en el cenáculo por miedo a los jefes religiosos de Israel y al pueblo, fácilmente alborotable.  Ahí presenciaron una especie de terremoto y vieron como lenguas de fuego que se posaban sobre la cabeza de cada uno; en seguida experimentaron una fuerza nueva, perdieron todo temor y se lanzaron a predicar por calles y plazas la proclamación de que Jesús había resucitado, como había sido una persona justa y cómo  había sido crucificado por los jefes judíos y cómo Dios le había hecho justicia resucitándolo entre los muertos.

 Cada vez que un cristiano recibe el Sacramento de la Confirmación, se actualiza Pentecostés si no ya con aquellas señales de la primer vez, sí con signos nuevos; estando reunida la comunidad eclesial, el sacerdote impone las manos y el obispo unge la frente con el santo crisma, que es el aceite de oliva y bálsamo consagrado en la Misa del Jueves Santo por el Obispo en la Catedral.

 Los efectos del Sacramento de la Confirmación son los mismos de Pentecostés: se recibe el Espíritu Santo y con él una fuerza nueva para presentarse ante los demás como seguidores de Jesucristo el Resucitado.

 El confirmado se enriquece con los dones del Espíritu Santo: Sabiduría, ciencia, consejo, inteligencia, piedad, fortaleza y temor de Dios.  Estos dones no se otorgan sólo para beneficio personal sino que capacitan a la persona para rendir gloria a Dios y servir a los hermanos, es decir son dones para construir y servir a la Iglesia, Pueblo de Dios y cuerpo Místico de Jesucristo de la que nosotros mismos formamos parte. 

Por  Abogado  Herminio José Piña Valladares, M.A.

Presidente de la Asociación Católica de Abogados.

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Seamos Promotores Vocacionales

Nos está tocando vivir una época en la que predomina la descalificación y el desencanto hacia la Iglesia Católica, algunas personas no tienen ningún empacho en reclamar a sacerdotes, obispos o quienquiera que alce la voz si de defender los valores se trata, aún cuando esto supone el ejercicio del derecho a la libertad de expresión.

 La defensa del Estado Laico, el “slogan” de moda para atacar a la Iglesia pareciera que es sinónimo de ateísmo y además radical; como si las personas no tuvieran como derecho también y consagrado en la Constitución a profesar el credo de su preferencia.

 No podemos cerrar los ojos a una realidad concreta, el pueblo mexicano profesa en su mayoría –más del 80%- la fe católica y del 20% restante muchos son cristianos con lo cual podemos afirmar que tenemos gran similitud si de valores fundamentales se trata.

 Ante este escenario, ¿cómo es posible que se esté menospreciando la vida, el matrimonio o la familia?  ¿Por qué se ridiculiza a quién quiere vivir los valores cristianos?  ¿Qué está pasando que se está imponiendo la violencia?  ¿Por qué estamos sucumbiendo al materialismo y al hedonismo?

 La Iglesia Católica fue fundada hace dos mil años y se ha mantenido en pie a lo largo de los siglos, con tropezones humanos que la hacen “caer” como cuando las Cruzadas, la Inquisición, los períodos oscuros del papado o los recientes escándalos por pederastia…y más de una vez se ha pedido perdón por ello.  Pese a todo, los que tenemos fe creemos que la Iglesia si sigue erguida es porque no es solamente humana sino que es Dios quién la sostiene, la guía, la mantiene, la purifica, la fortalece, la anima y va transformando los corazones de quienes le quieren seguir.

 De allí la importancia de que seamos promotores vocacionales, ¡necesitamos sacerdotes!,  bien formados en los seminarios, para que con nuestra ayuda y cercanía puedan ser fieles al magisterio de la Iglesia, coherentes con el don recibido.

 Mucha es la mies y pocos los operarios, ya Cristo lo había advertido, porque Él eligió en un primer momento sólo a doce, pese a sus fallas y errores, les confío la misión de la Iglesia porque sabía que no los dejaba solos, la fuerza del Espíritu Santo estaría acompañándolos como hasta el día de hoy.  Pero la mies sigue siendo mucha y los operarios escasean, no porque falte su invitación, no, porque Él sigue llamando, es sólo que a veces hay tanto ruido alrededor que no se escucha su voz, es sólo que a veces hay necesidades materiales que cubrir y no pueden decir que sí, es que hay unos ambientes en casa que no propician el encuentro antes bien lo evitan.

 Si miramos a aquellos que se dejaron mirar, y vemos sus vidas ejemplares porque han dicho sí, en tantas religiosas, sacerdotes, obispos y cardenales; vemos también como a través de ellos se transforma su entorno, su familia, su grey tendríamos que dar gracias y volvernos promotores vocacionales.

 En días recientes el Padre Jorge Laviada, rector del Seminario rindió su primer informe, un año fructífero de actividades, que iniciara con 138 alumnos, en dónde no faltaron ordenaciones diaconales y sacerdotales, el encuentro con sacerdotes de Latinoamérica, peregrinaciones y misiones, y la entusiasta participación de los seminaristas en el Congreso de Salud, Vida y Familia y la visita de Ntra. Señora de Izamal en ocasión de este evento.

 La ordenación episcopal de Monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, se vivió de una forma muy especial ya que este último fuera el rector del Seminario, cargo que dejó para cumplir su nueva misión en la diócesis de Papantla, como obispo coadjutor de esa provincia.

 Nos alegró también la visita del Nuncio Apostólico Mons. Christophe Pierre y del Cardenal Ennio Antonelli, así como la cercanía de Nuestro Arzobispo Emilio Carlos Berlie Belaunzarán y del Obispo Auxiliar Rafael Palma Capetillo.

 En su mensaje final, el padre Laviada responde cual es la necesidad más grande del Seminario: aumentar su alumnado, reafirmando que el reto del Seminario es uno: más vocaciones.  Este nuevo ciclo inicia con 121.

 La convocatoria está allí, ¡Seamos promotores vocacionales! Y entonces como dice la oración, Dios enviará sacerdotes según su corazón y los conservará santificándose en sus Seminarios.

Por Ivette Laviada

 

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